Monterrey.- De entre Guadalajara, Querétaro y Monterrey, la que menor impacto presenta en cuanto al número de unidades habitacionales cerradas y menor proporción de superficie construida bajo el modelo de vivienda amurallada es Monterrey, afirmó a El Economista el especialista en geografía urbana, desarrollo y producción del suelo urbano, Bernd Pfannenstein.

Explicó que en un estudio realizado en las tres zonas metropolitanas en 2016 resultó que Monterrey tenía el menor número de unidades habitacionales cerradas, con 1,110 fraccionamientos, los cuales representaban 10.60% de la superficie urbanizada total de la zona metropolitana.

A su vez, Guadalajara tenía 2,973 urbanizaciones cerradas en 2016, lo que significaba 16.35% de su zona metropolitana, mientras que Querétaro sumó 1,507 fraccionamientos cerrados, ocupando el 25.70% de la superficie total de su área metropolitana.

Por otra parte Monterrey es el segundo en superficie urbanizada total con 8,647 hectáreas, detrás de Guadalajara con 11,325.98 hectáreas y en tercer lugar está Querétaro con 5,135 hectáreas de superficie urbanizada cerrada.

“Aunque (la zona metropolitana de Monterrey) es un territorio de proporciones considerables, y a pesar de su cercanía con Estados Unidos, país que lidera la tendencia de vivienda fortificada, es el caso metropolitano que tiene menor número de urbanizaciones cerradas”, recalcó el especialista.

Del total de urbanizaciones cerradas en la zona metropolitana, el municipio de Monterrey es el que registra la mayor proporción con 257 unidades habitacionales y 1,610.88 hectáreas, la mayor parte de ellas ubicadas en la parte suroriente.

“Se trata de una ciudad que muestra ciertos rasgos identitarios del sistema social de Estados Unidos, por lo que el tipo de dinámicas que se desarrollan en este territorio pueden estar más vinculadas con las realidades urbanas que se viven al otro lado del límite fronterizo”, enfatizó.

Guadalajara

En el caso de la Zona Metropolitana de Guadalajara, se ubicaron 2,973 fraccionamientos cerrados que en 2016 se concentraban principalmente en el municipio de Zapopan con 1,449 unidades, seguido por Tlajomulco de Zúñiga con 529 y Guadalajara con 461 fraccionamientos de acceso restringido.

Uno de los principales factores que llevaron a la propagación de este tipo de vivienda en la zona periférica de la ciudad, fue la falta de suelo urbanizable en Guadalajara, razón por la cual la expansión del entorno urbano en la periferia se dio con el fin de subsanar una carencia de espacio en el municipio central más que por la necesidad de los territorios circunvecinos por crecer, detalló Pfannenstein.

Las urbanizaciones cerradas al estar alejadas del centro principal crearon la necesidad de contar con infraestructura. Por ejemplo, este desarrollo provocó que el comercio y servicios se reubicaran para satisfacer la demanda de necesidades, así como la creación de vialidades.

Esto fue generando plusvalía debido a la presencia de fraccionamientos de lujo, servicios y equipamiento de calidad.

“El área metropolitana de Guadalajara es un ejemplo de los retos que significa el fenómeno metropolizador como parte del rápido crecimiento que produjo un nuevo modelo de urbanización difusa donde sus límites físicos, administrativos y sociales son cada vez menos perceptibles”, aseguró.

Querétaro

La zona metropolitana de Querétaro tiene más de la cuarta parte de su ciudad privatizada al llegar al 25.70% del área urbana construida bajo este modelo de vivienda.

1,061 de las unidades se concentran en el municipio de Querétaro, es decir, 70% del total, en segundo lugar está el municipio de Corregidora, con una proporción mucho menor de urbanizaciones cerradas pues contabiliza 264 unidades.

“Son metrópolis completamente distintas y cada entorno expondrá de forma diferente los conflictos surgidos de la dinámica de privatización urbana. Es posible encontrar puntos de coincidencia en los efectos que ocasionan, principalmente en los grados de fragmentación urbana que están alcanzando y la subsecuente polarización social que vendrá”, opinó.

En contexto, dijo que inicialmente el modelo del fraccionamiento cerrado se pensaba como un producto para las clases sociales con mayores recursos económicos que se distinguían por ser espacios con una condición favorable del medio ambiente, exclusivos, de alta plusvalía y con niveles de seguridad efectivos.

Esta práctica de autoaislamiento es tan fuerte que la urbanización cerrada se estructura con la intención de independizarse de la ciudad al tiempo que remarca un alto contraste social.