Durante la última década, Guanajuato fue el estado que registró el mayor avance en el país en contribución del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, la principal meta económica que tienen todas las entidades federativas.

Este comportamiento, derivado del dinamismo del sector automotriz, consolidó a Guanajuato como la sexta economía más grande de México, y a su vez, ocasionó que se acercara más al quinto puesto que actualmente ocupa Veracruz (la diferencia entre ambas entidades es de apenas 0.1 puntos porcentuales).

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en el 2009, año de la crisis económica y financiera, Guanajuato aportó 3.5% del PIB nacional, ocupando el séptimo escalón en tamaño, mientras que en el 2018 su participación llegó a 4.4%, es decir, un aumento de 0.87 puntos porcentuales, el más elevado en la República Mexicana.

A la entidad guanajuatense, le siguió Jalisco, que pasó de 6.4 a 7.1% en el periodo de referencia (incremento de 0.72 puntos); Coahuila, de 3.1 a 3.8% (0.67 puntos); el Estado de México, de 8.4 a 8.8% (0.46 puntos); Querétaro, de 2.0 a 2.4% (0.37 puntos); San Luis Potosí, de 1.9 a 2.3% (0.36 puntos); Chihuahua, de 3.0 a 3.4% (0.35 puntos); Sonora, de 3.0 a 3.4% (0.34 puntos); Nuevo León, de 7.3 a 7.6% (0.34 puntos), y Aguascalientes, de 1.1 a 1.4% (0.33 puntos).

Los anteriores resultados muestran que dentro de los estados con mayores avances en contribución del PIB nacional, se encuentran los territorios que conforman la Alianza Centro-Bajío-Occidente (Guanajuato, Jalisco, San Luis Potosí, Querétaro y Aguascalientes).

Esta alianza tiene como fin crear una plataforma para promover la producción, comercio exterior e inversión, la cual prevé consolidarse en el 2020 en los sectores agroindustrial, logístico, manufacturero, de tecnología 4.0 y de comercio y servicios, mediante el desarrollo de proyectos como el Tren Interurbano Querétaro-Guanajuato, las presas de El Zapotillo y El Realito y un puerto intermodal en Guanajuato, además de acueductos, carreteras y mejoramientos aeroportuarios.

Para Héctor Magaña Rodríguez, director del Centro de Investigación en Economía y Negocios del Tecnológico de Monterrey, “la estrategia que siguió Guanajuato fue la de continuar creciendo a través de los beneficios de la industria automotriz”.

“Una vez que se identificó al Bajío como una zona de desarrollo importante para dicha industria, Guanajuato trabajó en conjunto con el sector privado, facilitando la llegada de los recursos y propiciando las condiciones de negocio adecuadas”, explicó.

Red industrial

El mayor avance en el país en contribución del PIB nacional en la última década por parte de Guanajuato, se debió, además del comportamiento positivo en los sectores de comercio, servicios y construcción, al crecimiento promedio anual de la industria manufacturera (5.5% —segundo lugar en México—), la cual aporta alrededor de una tercera parte de la actividad económica estatal.

La rama más importante de la manufactura guanajuatense es la automotriz, albergando a armadoras como General Motors, Honda, Mazda y Toyota.

Según cifras de la Secretaría de Economía federal, entre 1999 y septiembre del 2019, Guanajuato captó 6,181 millones de dólares de Inversión Extranjera Directa en el sector automotriz (fabricación de vehículos y de autopartes), solamente detrás de Chihuahua, Coahuila, el Estado de México y Nuevo León.

Asimismo, Guanajuato es referente fabril en el país. La red de parques industriales de la entidad, con la participación de inversión privada, se integra por 29 complejos fabriles en funcionamiento, con una superficie de 3,478 hectáreas. En total, suman 914 millones de dólares de inversión acumulada y 126,200 empleos comprometidos.

Se añade que el estado cuenta con ocho clústeres estratégicos: automotriz, moda, químico, alimentos, servicios de investigación, servicios de salud, turismo y logística.

Los de abajo

Al otro extremo, se ubican las entidades que perdieron participación en el PIB nacional en el periodo 2009-2018.

Las caídas más pronunciadas se dieron en Campeche, que pasó de 4.7 a 2.5% en el lapso citado (descenso de 2.17 puntos porcentuales); la Ciudad de México, de 17.9 a 16.4% (1.51 puntos); Tabasco, de 3.3 a 2.2% (1.03 puntos); Veracruz, de 5.0 a 4.5% (0.42 puntos); Tamaulipas, de 3.3 a 2.9% (0.39 puntos), y Chiapas, de 1.9 a 1.5% (0.33 puntos).

La mayoría de los territorios son petroleros, los cuales resintieron la crisis del sector: bajos niveles del precio del crudo y disminución de la producción de hidrocarburos que comenzó a mitad del 2014.

En el 2013, el precio promedio de la mezcla mexicana fue de 98.79 dólares por barril; en el 2014 pasó a 87.53 dólares; en el 2015 a 44.18 dólares, y en el 2016 a 35.76 dólares (en este año tocó mínimos históricos con 18.90 dólares). Ya en el 2017 se recuperó, al registrar un precio de 46.39 dólares, y continuó con la misma tendencia en el 2018 (61.89 dólares). Además, desde junio del 2017, la producción de petróleo crudo no rebasa 2 millones de barriles diarios.

Es importante señalar que una pérdida en la contribución del PIB de México no necesariamente significa una caída en el indicador, como en el caso de la capital del país, es decir, como otros estados obtuvieron mayores tasas de crecimiento, abarcaron una mayor parte del “pastel”.

Al alza

En los últimos 10 años, las economías más dinámicas fueron Baja California Sur (crecimiento promedio anual de 5.0% de su PIB), Aguascalientes (4.5%), Querétaro (4.1%), Guanajuato (3.8%), Quintana Roo (3.7%) y San Luis Potosí (3.4 por ciento).

Nuevamente, las entidades del Bajío sobresalen. Cabe recordar que en los sexenios de Enrique Peña Nieto (2013-2018), Felipe Calderón Hinojosa (2007-2012) y Vicente Fox (2001-2006), la región registró el mayor dinamismo económico del territorio nacional.

Con Peña Nieto como presidente, la mayor tasa de crecimiento del PIB se presentó en el Bajío (4.4%); con Felipe Calderón Hinojosa, la región, integrada por Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro y San Luis Potosí, obtuvo un aumento promedio anual de 3.1%, el más elevado.

De hecho, el dinamismo del Bajío se consolidó en la administración de Vicente Fox, y continuó en los siguientes gobiernos; exhibió una tasa de crecimiento de 3.1 por ciento. En la gestión de Ernesto Zedillo (1995-2000), a la región le fue bien, ya que logró un alza en su actividad económica de 4.1%, sólo por detrás de la frontera norte (5.2%), que alcanzó su boom económico por los beneficios del TLCAN, particularmente por su cercanía con Estados Unidos.

El Bajío comenzó su historia como actual motor económico del país con Carlos Salinas de Gortari (1989-1994). Fue primer lugar nacional en crecimiento con 4.8 por ciento.

Magaña Rodríguez destacó los casos de Baja California Sur y Quintana Roo, “la situación resulta similar, ya que en ambas entidades se llevaron a cabo inversiones importantes para fomentar el turismo”.

“No únicamente fueron labores de promoción, sino también de desarrollo de infraestructura, lo cual benefició tanto a la industria de la construcción como al sector de los servicios, logrando de esta forma un nivel de crecimiento importante en su actividad económica”, indicó.

“Para el resto de los estados, el desarrollo del sector automotriz fue su principal motor de crecimiento, aunado también al avance mostrado por la industria aeroespacial con inversiones importantes, particularmente en Querétaro”, concluyó.

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