Las imágenes que la semana pasada registró la Ciudad de México después del sismo en las que era recurrente ver centros de acopio repletos de víveres, hombres con chaleco y cascos dispuestos a quitar escombros, jóvenes repartiendo comida, mujeres clasificando medicinas o alimentos, no fueron exclusivas de la capital del país, pues en Morelos y Puebla la ayuda también fluyó, y fue desde la sociedad civil.

En el municipio de Jojutla, Morelos, que se ubica a 70 kilómetros del epicentro del sismo, los ciudadanos se volcaron a ayudar. Estudiantes, amas de casa, ingenieros, carpinteros, arquitectos, médicos engrosaban las filas de voluntarios que no necesariamente eran morelenses; algunos incluso procedían de la Ciudad de México o de estados cercanos, como Hidalgo y Puebla.

Horas después del temblor, empezaron a llegar decenas de voluntarios a ese municipio en el que son evidentes las fisuras que dejó el sismo en varias casas. Su ayuda era para clasificar víveres, remover escombros, repartir alimentos o para cargar féretros de algunos de los más de 70 que perdieron la vida. Su única consigna era ayudar.

En las calles de ese lugar era recurrente ver pasar lentamente camionetas cargadas con decenas de aguas embotelladas, comida enlatada, artículos médicos, ropa, herramientas para remover escombros.

La solidaridad viene de municipios cercanos, pero también de todo el país. Esa ayuda contrasta con la que no han visto de las autoridades o que incluso ha sido condicionada, como la entrega de despensas que, de ser urgentes en diversas regiones del estado, han sido llevadas a las bodegas del DIF del estado.

De hecho, la semana pasada circuló en redes sociales un video donde dos tráileres con ayuda proveniente de Michoacán son escoltados por elementos de la Policía del Mando Único para ser llevados la bodega del Sistema DIF Morelos.

En Puebla, contrastes

En Puebla, donde al menos 40 personas murieron, incluidos 12 integrantes de una familia que celebraban un bautizo en la parroquia Santiago Apóstol, en el municipio de Atzala, la ayuda también ha fluido, aunque no a todos los municipios que la requieren.

Hay localidades, como San Antonio Alpanocan, a donde han llegado grupos de ciudadanos con víveres y estudiantes de diversas universidades para levantar los escombros que quedaron de las de casas que no resistieron el sismo. Se estima que al menos 180 se derrumbaron y otras 400 tienen daños. Por las calles transitan camionetas con víveres, sus placas no proceden de Puebla únicamente, las hay de otras entidades vecinas.

Habitantes de esa comunidad aseguraron que la autoridad no los ha apoyado. Hay municipios como San Juan Pilcaya y San José Platanar, en Chiautla de Tapia, donde la ayuda no ha llegado como se requiere.

La solidaridad también se manifestó en redes sociales, en las que los poblanos indicaban en qué puntos se requería gente y con qué herramientas, para iniciar la tarea de remover escombros o para preparar alimentos para los rescatistas.

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