En el último trimestre del año pasado y en estas primeras semanas del 2016 he viajado por ocho entidades del país con el objetivo de concretar acuerdos de cooperación entre dichas empresas y empresas privadas. Lo anterior dentro del marco del programa de Fortalecimiento a la Empresa Social impulsada por la Fundación del Empresariado en México (Fundemex), el brazo social del Consejo Coordinador Empresarial (CCE). La visión del programa es generar confianza, aprendizaje y apoyos entre el sector privado y el social contribuyendo con ello a reducir la pobreza.

El reto no ha sido fácil, los líderes de las empresas sociales muestran desconfianza de que medianas y grandes empresas los quieran apoyar sin retribución alguna. Algunas empresas privadas se muestran escépticas de que las empresas sociales cumplan los planes de trabajo.

La desconfianza es la raíz de muchos problemas de México. Partiendo de lo general a lo específico, las siguientes cifras ejemplifican lo anterior:

México es el último lugar en satisfacción ciudadana con la democracia en la región latinoamericana, de acuerdo con el estudio Latinobarómetro del año pasado. Según la encuesta, realizada en 18 países de América Latina y el Caribe, apenas 19% de los mexicanos cree en el funcionamiento de la democracia en el país, muy por debajo de 37% promedio a nivel regional.

Gran parte de ello es derivado de la pérdida de la confianza en las instituciones. De las 17 instituciones medidas por Consulta Mitofsky en el 2015, ninguna incrementa sus niveles de confianza, todas disminuyen, destacando la caída de cinco décimas de los bancos y de los diputados. Las empresas se ubican en un nivel medio, con una calificación de 6.5 en una escala del uno al 10. Sin embargo, la confianza no sólo se ha debilitado en las instituciones que brindan un servicio a la ciudadanía, sino también a quienes representan.

Las organizaciones no gubernamentales tienen un nivel de confianza ciudadana de 34 por ciento; las que tratan las adicciones cuentan con la aprobación de poco menos de 33% de la población, las organizaciones vecinales tienen 32% de la confianza de los mexicanos, mientras que la confianza en los empresarios alcanza sólo 27%. (Encuesta Informe País. INE/Colegio de México 2014).

Ni siquiera los jóvenes confían en los propios mensajes de Twitter que envían. La confianza en los tuits es sólo de 6.1 en una escala del uno al 10, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Valores en la Juventud 2012 realizada por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y el Instituto Mexicano de la Juventud.

La falta de confianza en los beneficios de las reformas estructurales, pasando por las limitadas asociaciones público-privadas hasta la incredulidad originada por la detención del Chapo Guzmán, nos hace el país de los escépticos. El escéptico vive en desconfianza y en desesperanza.

Sin confianza, por lo menos la esencial, es muy difícil que el país y las comunidades tengan logros relevantes en reducir la pobreza, en mejorar la calidad educativa o en la aplicación de la justicia. Si no hay resultados en estos temas, no habrá confianza, y no habrá resultados si no existen acuerdos, agendas y cooperación basados en la confianza y en el cumplimiento de lo que cada actor se comprometió.

Juan Pablo Castañón dijo en su discurso de toma de protesta como presidente del CCE: ... Para que las empresas florezcan y, más aún, para que las personas nos desarrollemos, reitero que necesitamos un entorno de confianza y certeza. Confianza entre nosotros mismos, confianza en nuestras instituciones, confianza en el respeto a la ley y sus consecuencias... .

Es imprescindible utilizar nuestra voluntad y creatividad para romper el círculo vicioso del egoísmo, de la frustración, del cortoplacismo. Es fundamental el rediseño de los programas de educación cívica. Fortalecer a la ciudadanía debilita el individualismo, genera diálogo y este último impulsa la confianza.

Un propósito para este 2016 es llevar a cabo acciones concretas para mejorar la confianza en el país:

El gobierno debe combatir con hechos la impunidad y la corrupción además de aplicar la ley a todos por igual. Los empresarios deben profundizar sus acciones de responsabilidad social empresarial, de innovación social y promover oportunidades de desarrollo humano. Las organizaciones, el quinto poder, deben trabajar más eficientemente en causas genuinas, y ser muy transparentes en la aplicación de los recursos. Las personas deben comprometerse a respetar a los demás para mejorar la convivencia, a cumplir las leyes y a no ser corruptos.

Sólo con confianza se fortalecerá la esperanza.