La posibilidad de concesionar el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) resulta una buena noticia para el sector privado, nacional e internacional, porque se trata de un gran proyecto que tiene garantizada su rentabilidad por el crecimiento de dos dígitos que ha tenido la aviación, consideró el director del Instituto Mexicano de Desarrollo de Infraestructura (Imexdi), Edmundo Gamas.

A pesar de que se trata de un proyecto estratégico para el gobierno federal, por sus dimensiones y las instalaciones de seguridad que albergará, “yo hubiera preferido que desde el principio se hubiera desarrollado bajo alguna modalidad de Asociación Público-Privada, y con ello se podrían haber canalizado recursos públicos para otro tipo de infraestructuras, como hidráulicas”, refirió.

Un día después de que el director del Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México (GACM), Federico Patiño, dijera que la nueva terminal podría ser concesionada (como sugirió el candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador para no seguir destinando dinero del presupuesto federal), con la posterior precisión que hizo el vocero de la Presidencia, Eduardo Sánchez, de que sea hasta que se concluya la obra.

Dijo que a finales de la década de los 90 se concesionaron varios aeropuertos del país y se conservó el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México por una razón estratégica: que es el más rentable. “Los ingresos que genera son altamente atractivos  para el gobierno mexicano y con esa misma óptica se llevó a cabo la planeación de este nuevo aeropuerto, y en la lógica es fundamental con el apoyo de la inversión privada, pero el gobierno mexicano mantiene la altísima rentabilidad que tiene el aeropuerto”, refirió.

Por ahora sería complicado

Al igual que el GACM, el director del Imexdi también consideró que concesionar el NAIM en este momento resultaría demasiado costoso para el gobierno federal, porque aunque es posible legal y financieramente, tendría que ser partícipe de alguna parte de los riesgos de construcción para hacerlo atractivo al sector privado.

Además, la tarea de revisar cada uno de los más de 300 contratos relacionados con la obra resultaría por demás complicada.

“Sí, lo mejor es esperar a que termine y poder elaborar de la mejor manera el proceso de licitación, que debe ser de carácter internacional para abrir la posibilidad de que participen los mejores operadores de aeropuertos del mundo”, agregó Gamas.

Entre los temas que desde su perspectiva se deberán cuidar “con detalle” está el de las tarifas, porque se tiene que generar un marco legal adecuado que permita al privado recuperar su inversión sin que ello implique poner precios elevados por los servicios que ofrezca.

alejandro.delarosa@eleconomista.mx