La venta de vehículos pesados al mayoreo en México presentó una caída de 50.1% durante julio pasado, al comercializar 1,671 unidades contra 3,349 registradas en el mismo mes del 2018, informó la Asociación Nacional de Productores de Autobuses, Camiones y Tractocamiones (ANPACT).

El presidente del organismo privado, Miguel Elizalde, explicó que la menor venta durante el séptimo mes se debe a la compra anticipada de empresas por el cambio de tecnología que incorpora el motor en los vehículos, como parte del requerimiento para cumplir con la nueva normatividad.

“La caída en las ventas (al mayoreo) de 50% durante el mes de julio se explica por las altas ventas que se registraron durante los meses anteriores. Las ventas al mayoreo durante los primeros seis meses del año respondieron a un efecto impulsado por el avance en tecnología ambiental, de la NOM-044, no a una demanda estructural del mercado interno”, expresó.

El dirigente empresarial advirtió que los próximos meses serán cruciales tanto para la industria como para el transportista, pues ambas partes “requerimos de certidumbre, ya que está programado un siguiente paso hacia vehículos comerciales más limpios, que requieren de diésel limpio en todo el país, y actualmente no hay suficiente”. Todas las estaciones de abasto del país, abundó Elizalde, deberían contar con diésel limpio (ultra bajo azufre —UBA—). Sin embargo, “Pemex sigue produciendo diésel regular, que llega a las mismas, incumpliendo la normativa de calidad de petrolíferos que establece la Comisión Reguladora de Energía (CRE). Por ello estamos a la espera de que las autoridades de la Secretaría de Energía y de Pemex informen sobre la disponibilidad de diésel UBA en todo el territorio nacional, refirió el presidente del gremio productor de unidades pesadas”.

Miguel Elizalde se quejó de la ausencia de incentivos gubernamentales para un sector dinámico, en el que sumado a la situación económica que se vive en el país y el entorno internacional se dificulta la venta de camiones pasados.

“En realidad, se trata de un fenómeno en el que los transportistas, ante la inversión que supone adquirir vehículos pesados con nueva tecnología, (optan por) renovar su flota con la tecnología vigente, y no con la nueva, ya que no existen incentivos suficientes para hacerlo”, dijo.

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