Las empresas tratan de blindarse y quedar exentas de la revolución fiscal que se avecina: no habrá un impuesto digital global sino que la OCDE impulsa un gravamen a multinacionales de todos los sectores que operan con consumidores.

Santander, Ferrovial e Iberdrola piden a la OCDE quedar exentos del impuesto a las multinacionales que prepara la organización que aglutina a los países desarrollados. Así lo reclaman en los comentarios que han remitido en el proceso de audiencia pública que ha abierto la OCDE sobre su propuesta de impuesto, de cara a la creación del tributo, que se está acordando esta semana.

Las empresas tratan de blindarse ante la revolución fiscal que se avecina y que nadie esperaba. Estados Unidos, gran enemigo de los intentos de gravar a sus grandes tecnológicas, se ha metido de lleno en el proyecto de la OCDE para transformarlo por completo. En octubre, la Organización publicó su última propuesta. No habrá un impuesto digital acordado internacionalmente, sino que la OCDE pretende llegar mucho más lejos: impulsa un gravamen a las multinacionales de todos los sectores que operan con consumidores para que tributen por todos sus beneficios allí donde se generan.

Además, se exigirá un tipo mínimo en Sociedades a las multinacionales, que se situará en el entorno del 13 por ciento. La propuesta aboga por que sólo queden exentas las industrias extractivas, las que trabajan físicamente el terreno, ya que se considera que no pueden deslocalizar beneficios. Las empresas creen que el debate no está cerrado y piden quedar exentas.

Santander reclama que el sector financiero quede fuera del impuesto por tener "importantes especificidades que lo distinguen de otros sectores de cara al público", como "la altamente detallada naturaleza de la regulación bancaria y la supervisión; los estándares contables y principios particulares de los bancos, el menor peso de intangibles de márketing; además de la presencia física en los países de su mercado".

Ferrovial constata la exención de industrias como la extractiva, basada en que no se mide la presencia física sino la económica, como las ventas. "De la misma forma, otros negocios industriales relacionados con la propiedad real o inamovible como la construcción o las infraestructuras deberían ser también exceptuados", pide.

Iberdrola apunta a que se haga una lista de industrias excluidas en la que se encuentren las compañías de energía eléctrica.

Por su parte, Aedaf cree que la propuesta de la OCDE contiene imprecisiones, como la inclusión de los negocios de cara al consumidor, que en un mundo digitalizado ve poco clara. También advierte de que no se tratan las pérdidas como merecen y ve riesgo de doble imposición.

Varias empresas tecnológicas y plataformas de intermediación digital han remitido sus alegaciones a la OCDE, entre ellas, Amazon y Netflix, que no pueden ocultar su satisfacción por que la tasa no sea sólo digital.

Amazon asegura que busca ser la compañía "más centrada en el cliente" y afirma que ha sido un "apoyo fuerte y consistente del trabajo de la OCDE para lograr una solución basada en el consenso respecto a la fiscalidad en una economía internacional en evolución". Un fracaso para llegar a consensos tendrá muy probablemente amplios impactos negativos para consumidores y negocios, advierte. No cree que deba gravarse sólo a los negocios de cara al público sino a todos, con la excepción de las industrias extractivas y de materias primas.

Netflix sugiere que las ventas no sean la clave métrica que se utilice para gravar en cada país, ya que cree que está en desacuerdo con el "mantra" de BEPS de atribuir derechos de gravamen donde tienen lugar actividades que crean valor. Enfocarse en incluir a los negocios dirigidos al consumidor no ayudaría, señala, ya que en la cadena de suministros de toda multinacional hay una parte dedicada a actividades de cara al consumidor/cliente.

erp