Boehringer Ingelheim, la farmacéutica líder en el tratamiento de enfermedades respiratorias y la diabetes, ha logrado un balance en su estrategia de responsabilidad social consiguiendo un espacio laboral y condiciones óptimas para sus colaboradores y extendiendo su filosofía hacia las comunidades vulnerables con acciones de inclusión laboral, reclutamiento de talento joven, políticas en favor de su personal femenino, programas en favor de la salud comunitaria, el medio ambiente y auxilio a poblaciones damnificadas en caso de desastres naturales.

“No se puede hablar de responsabilidad social y no trabajar para la gente y no podemos tener un discurso hacia afuera y otro hacia dentro de la organización”, afirma Édgar Díaz, director de Recursos Humanos para América Latina y el Caribe de la firma.

Campus de la salud

Su sede en Xochimilco, Ciudad de México, es lo más parecido a un campus universitario: instalaciones funcionales con oficinas, laboratorios, comedor, cafetería, una cancha profesional de futbol, gimnasio, spa, consultorios de psicología y acupuntura, en medio de un oasis de áreas verdes; todo para cuidar la salud integral de sus casi 2,000 colaboradores en México, detalla Díaz.

Políticas de género

En Boehringer Ingelheim, la cuota de mujeres que trabaja en la firma ha ido en aumento. Actualmente, ocupan 40% de los puestos laborales y tres de cada 10 desempeñan funciones de liderazgo. Las que son mamás tienen horarios flexibles, trabajo remoto y otros beneficios cuando se trata del cuidado de los niños. Aplica igual para los empleados varones que comparten la tarea de ser padres y las labores domésticas. Para ello cuenta con un programa de maternidad y paternidad que les brinda un mes adicional al de ley para estar con el bebé, más dos meses de trabajo remoto y otros dos, opcionales, sin goce de sueldo, “pero con la seguridad de que a su regreso su puesto estará esperándolos”, asegura del director de Recursos Humanos.

Solidarios con la comunidad

En el terreno social, la farmacéutica alemana, en alianza con otras organizaciones, ha penetrado en comunidades muy alejadas de los centros urbanos, con programas para sustituir las estufas de leña, que dañan la salud de las familias en las sierras de la Huasteca Potosina y Zongolica, por 1,500 estufas ecológicas; en la Sierra Gorda de Querétaro ha emprendido un programa de cultivo del amaranto en 55 comunidades de nueve municipios; ha plantado más de 50,000 árboles en las faldas del Nevado de Toluca y el bosque de la Primavera, en Guadalajara, con la participación de 1,821 voluntarios de México y Centroamérica; y cada año distribuye medicamentos y equipos  a más de 8,000 personas en vulnerabilidad.

francisco.deanda@eleconomista.mx