El 2018 será determinante para el futuro de Brasil. Pasada la mitad del año los brasileños definirán su camino para el siguiente cuatrienio con la opción política que elijan y en telecomunicaciones el 2018 será igual de importante por el necesario desahogo de dos asuntos que terminarán por darle otra expresión al rostro de esa industria.

El Proyecto de Ley Cámara 79/2016 o “PLC 79”, un cuestionado plan del gobierno que garantiza a los operadores la conservación de una serie de activos, a cambio de inversiones en cobertura, ante la obligación de revertirlos al Estado con base a una legislación de hace 27 años, es el primero de los pendientes a resolver por los industriales y las autoridades reguladoras brasileñas.

El otro caso es igual de complejo y tiene que ver con la telefónica Oi, el cuarto operador móvil del mercado que hoy arrastra un pasivo de 24,900 millones de dólares, pero que pese a esa abultada deuda aún atrapa la atención de fondos rusos de inversión, de compañías chinas de telecomunicación, de empresarios locales y hasta la misma América Móvil, del empresario Carlos Slim, se ha interesado en dos ocasiones en comprar toda la empresa o partes de ella, aunque en octubre uno de sus ejecutivos dijo en Futurecom 2017 que, de momento, la intención de la mexicana AMX había quedado en segundo plano por una cuestión económico-regulatoria en Brasil.

Los problemas de Oi son esencialmente financieros, pero la solución a éstos además se encuentran en el ámbito político y gubernamental, según especialistas, pues buena parte de las cargas que pesan sobre el operador han sido resultado de multas impuestas por el regulador en los últimos años y para destrabar los líos de Oi son necesarias una sensibilidad y buena voluntad de la clase política y del árbitro regulador para que una empresa, a su vez producto de un proyecto del Estado por contar con un fuerte operador telecom con participación accionaria mayoritariamente brasileña, no caiga y entonces deje desconectados a una parte importante de la población del país.

Oi es el menor de los cuatro grandes operadores de la telefonía móvil brasileña; los otros son Vivo de Telefónica, Claro de AMX y TIM, de Telecom Italia. Oi también está entre los de menores clientes en TV de paga y sus antenas, torres y demás fierros no se hallan entre los que están más al día. Pero la empresa tiene más clientes e incluso advierte un mercado con mejores posibilidades a futuro que varios de los operadores establecidos en México.

En telefonía móvil es más chico que Telcel. Pero los casi 40 millones de usuarios móviles de Oi son más que los de una imaginaria combinación en una misma marca de los clientes de Movistar con AT&T. Oi oferta un servicio de televisión de paga y Telmex no, y sus líneas en fijo sobrepasan a las de Megacable, Izzi Telecom y la misma Telmex juntas y todavía la cifra estaría a favor de Oi. Y en Internet, la marca carioca tiene el doble de abonados que Megacable e Izzi juntos; sólo Telmex tiene más accesos de banda ancha que Oi: 9.2 millones contra 5.2 millones de conexiones.

Oi, en resumen, tiene un alcance de 16.1 millones de hogares por la vía de sus redes fijas; una posibilidad de llegar directamente a 39.6 millones de brasileños por aire y a otros segmentos de población más a través de 691,000 casetas telefónicas públicas. Una eventual desconexión de Oi equivaldría a desconectar un país como Colombia o Argentina por número de usuarios y hogares.

Todo ello, sumado a que también cuenta con espectro en bandas de capacidad y cobertura, como las frecuencias de 400 y 1800 MHz, más las de 2.5 GHz, hacen de Oi un operador muy apetecible para crecer en cualquiera de esos negocios a escala nacional en el ya gigante Brasil; sólo, todavía no, en Sao Paulo.

“Oi, aún con todos esos problemas, es un referente no sólo de Brasil; es uno de los operadores más grandes de América Latina y también de los más integrados, por eso más de uno de la quiere”, platica Juan Gnius, socio en TyN Media Group. “Digamos que es el incumbente de Brasil, porque tiene infraestructura en prácticamente todo el territorio y llega a millones de hogares; sólo en fijo, sería más grande que Telmex, si fuera el caso”.

El caso con Oi es su deuda, porque interés tiene: en 2015 un fondo ruso perfiló su incursión en Brasil a condición de una fusión TIM-Oi; en 2017 el gobierno chino vio su oportunidad con China Telecom y más recientemente con China Mobile, y en 2014 y 2016, América Móvil dijo estar abierta a una compraventa de Oi y al igual que Telefónica aceptó después que una partición del negocio móvil Oi entre el resto de los operadores sería una buena solución para los problemas de Oi, opinión que también acompañó Telecom Italia, dueña de TIM.

Para China Telecom, la emproblemada Oi sería su segundo intento por entrar de una buena vez al estratégico sector de las telecomunicaciones latinoamericanas y convertirse en el nuevo jugador de la región a través de Brasil, un país que siempre ha estado a la delantera en esa industria. China Telecom ya intentó quedarse con la Red Compartida de México, adelantándose a sus coterráneas China Mobile y China Unicom, que también ya abrieron oficinas en Brasil.

La prensa paulista informó hoy que el Estado brasileño sigue buscando soluciones al problema de Oi, con un plan de reestructura de la deuda derivada de las sanciones impuestas por la Agencia Nacional de Telecomunicaciones (Anatel), una acción que significaría un buen paso para Oi.

Oi es un negocio y ello se ve reflejado en sus inversiones. En el tercer trimestre invirtió 1,339 millones de reales en su operación; 404 millones de dólares, al tipo de cambio. En el mismo lapso del 2016, la empresa había invertido 982 millones de reales, 297 millones de dólares.

“Este es un operador interesantísimo. Oi funciona: tiene clientes, da servicio y su problema es financiero”, agrega Juan Gnius, de TyN Media Group. “Y en 2018, que se viene ajetreado, esperemos que ningún gobierno la va a dejar caer por todo ese tamaño que significa y si alguien lo tomará de bandera política. Oi existe y es atractivo, que ahí tiene sus pretendientes, hasta Slim; sólo que para él habría una cuestión regulatoria por salvar”.