Los barriles de cerveza en Moscú se vacían rápidamente y la demanda por camisetas con la imagen de Vladimir Putin rebasa a los vendedores ambulantes gracias al impulso que al Mundial le ha dado a los negocios en las 11 ciudades rusas que albergan partidos del máximo torneo del fútbol.

El mandatario ruso aguardaba este impulso después de que las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea, junto con los bajos precios del petróleo, hundieron al país en una recesión, y luego de que el gobierno ruso invirtió 800,000 millones de rublos (12,700 millones de dólares) para la Copa del Mundo. Sin embargo, los expertos advierten que la prosperidad será breve en caso de que no se presenten cambios importantes en una economía rusa que depende del petróleo y está plagada de corrupción.

Aquí un vistazo a la forma en que los negocios han prosperado con el Mundial:

Fiesta en la Plaza Roja

Algunos de los principales beneficiados son: taxistas independientes, apps para conocer personas y bares en donde los aficionados se reúnen a ver los partidos o celebrar el triunfo de su equipo.

“Esto nos está rebasando, ordenamos la misma cantidad de cerveza para una noche de lo que ordenaríamos normalmente para un mes”, dijo Doug Steele, propietario de Papa’s Bar & Grill sobre la calle Nikolskaya cerca de la Plaza Roja. Arrastraba un barril mientras hablaba, estaba demasiado ocupado para detenerse.

El vecindario se ha convertido en el lugar para festejar desde que el torneo se inauguró el 14 de junio. El extenso centro comercial GUM frente al Kremlin registró un incremento de 80% en la afluencia de consumidores con relación al mismo periodo del año pasado, dijo su administrador Teymuraz Guguberidze.

“Los efectos son mucho mayores a lo que esperábamos”, destacó. “Nos alegra mucho”.

Provincias orgullosas

La inyección de dinero ha llegado a los minoristas más allá de la capital rusa, ayudando a otras ciudades sede que están fuera del radar turístico.

La menos conocida de todas, Saransk, invirtió cientos de millones de dólares para la construcción de un estadio, puentes y una red de transporte para la comodidad de las decenas de miles de visitantes que llegaron en las últimas semanas. Los orgullosos habitantes alquilaron sus apartamentos y mantuvieron abiertos sus negocios hasta horas poco habituales para satisfacer a los clientes después de los juegos nocturnos. La demanda en los restaurantes causó desabasto, por lo que los clientes debían hacer una lista con sus preferencias antes de ordenar.

Los aficionados mexicanos fueron un gran impulso a los negocios de la ciudad de Ekaterimburgo, en los Montes Urales, al llenar una tienda deportiva y comprar todos los recuerdos disponibles.

Las ventas del postre chak-chak en Kazán, de los pasteles en Rostov, y de los bollos pelmeni en todos lados, se dispararon.

Lo mismo con los monumentos y sitios culturales menos conocidos — un museo de la Segunda Guerra Mundial en Volgogrado, una villa cosaca en Rostov, un museo dedicado al filósofo Immanuel Kant, el habitante más famoso de Kaliningrado.

Placeres del verano

No se ha visto nada de la reputación de la helada Rusia.

Los días soleados, las noches blancas y, por momentos, las agobiantes temperaturas, recibieron a los aficionados del fútbol de todo el mundo este mes. Y ninguna ciudad se ha beneficiado más con eso que Sochi, un destino turístico en el Mar Negro.

Popular desde hace tiempo entre los rusos, Sochi finalmente obtuvo su oleada de visitantes extranjeros este verano gracias a los aficionados de Brasil, Australia y otras partes del mundo, quienes abarrotan sus cafeterías frente al mar o visitan sus parques de diversiones.

Al norte, en San Petersburgo, la época de verano significa que la noche nunca llega, y los dueños de embarcaciones le sacan provecho trasladando a los turistas las 24 horas por los canales de la ciudad.

Golpe de realidad

Rusia espera que la prosperidad económica se extienda más allá del 15 de julio, cuando el torneo llega a su fin. Pero primero debe recuperar los costos de preparación para el evento — y el primer ministro anunció esta semana que el gobierno debe invertir otros 800 millones de rublos (12,7 millones de dólares) para mantener los sitios mundialistas una vez que la multitud haya vuelto a sus respectivos países.

Aunque es muy pronto para realizar un cálculo de la derrama económica en general, el gobierno, por lo menos, debería finalizar en un punto de equilibrio, pronosticó Vladimir Ageyev, experto en administración deportiva por la Universidad Estatal de Moscú, al utilizar datos preliminares.

Poco antes de la inauguración del torneo, la agencia de calificación Moodys advirtió que, a pesar del impulso en los ingresos a la industria turística, el Mundial solo tendrá una contribución “breve” a la economía. Es poco probable que la mayoría de las regiones sigan atrayendo turistas tras finalizar el certamen, debido a que son de difícil acceso, demasiado frías o simplemente porque deben competir con destinos más atractivos en otros países.

Sin embargo, el torneo generaría ventajas intangibles, y los líderes empresariales esperan que sean perdurables.

“El Mundial tiene una muy buena influencia”, destacó Guguberidze. “Crea un buen ambiente y le da a Rusia una buena impresión”.