El mercado automotriz está en un proceso de transformación, impulsado por cuatro tendencias tecnológicas, lo que trae consigo diversos riesgos y oportunidades para muchas industrias, consideró Moody’s Investors Service.

La calificadora internacional de riesgo crediticio refirió que estas cuatro tendencias son la conectividad que redefine los vehículos como aparatos móviles; el mayor uso de autos de combustible alternativo (AFV); la introducción de automóviles autónomos, y los viajes compartidos.

En un nuevo informe destacó que estas cuatro tendencias tecnológicas transformarán el complejo ecosistema de fabricantes, proveedores, usuarios y tecnologías que facilitan la movilidad personal y comercial, y diferentes oportunidades y desafíos tendrán diversas implicaciones crediticias para cada sector.

“El sector automotriz representa alrededor del 3.0% de la deuda corporativa calificada por Moody’s a nivel global, y tras incorporar los demás sectores afectados por su transformación, tales como los de commodities y tecnología, la proporción aumenta a casi 54% de la deuda corporativa calificada”, sostiene el analista de Moody’s, Robard Williams.

“Los cambios en la forma en que se fabrican, utilizan, aseguran y financian los automóviles afectarán las condiciones crediticias de diversas formas y para varios sectores e instrumentos financieros”, agregó.

La calificadora apuntó que para los fabricantes de automóviles, cada una de las cuatro tendencias presenta riesgos en términos de inversiones adicionales de capital requeridas e incertidumbre en torno a las tecnologías, pero también presenta oportunidades en términos de productos nuevos y diferenciados.

Por ejemplo, explicó, una mayor conectividad en los vehículos brinda conexiones con ofertas minoristas, de medios y ofertas de otro tipo.

No obstante, los fabricantes de automóviles enfrentan el desafío de cumplir con la expectativa de los clientes de que tal conectividad será una característica estándar, y los fabricantes deberán asumir el costo en gran medida.

Para las aseguradoras, la conectividad a través de la telemática, mediante el uso de GPS u otro sistema de diagnóstico a bordo, aumenta la capacidad de adaptar los productos y el precio en función del comportamiento real del conductor.

Sin embargo, surgen inquietudes en relación con la privacidad en la recopilación y uso de los datos.

Además, a medida que la participación en el mercado de los AFV aumenta gracias a un mayor foco de las políticas públicas en el cambio climático y la calidad del aire, los servicios públicos podrían tener nuevas oportunidades ante el aumento de la demanda de infraestructura para la carga de automóviles eléctricos.

No obstante, la responsabilidad de los servicios públicos también podría ser mayor, debido a la dependencia en el suministro de energía e infraestructura, expuso la agencia evaluadora.

En el caso del sector de metales y minería, apuntó, la demanda de ciertos metales utilizados en baterías para automóviles crecerá con el incremento del uso de AFV, pero también existirá el riesgo de que las inversiones resulten en pérdida si se desarrollan baterías alternativas con diferentes materiales.

“El cambio de combustible a electricidad en los vehículos puede afectar el crecimiento de la demanda de gasolina, aunque al mismo tiempo puede presentar otras fuentes de ingresos a las compañías petroleras enfocadas en la innovación”, según Williams.

Por otra parte, para los mercados de financiamiento de vehículos y valores respaldados por créditos para la adquisición de automóviles, los AFV conllevan un riesgo de valor residual en los mercados de reventa.

En el caso de las compañías de tecnología, los automóviles autónomos brindan oportunidades en los sistemas de navegación y operación, las cuales ampliarán sus bases de ingresos, aunque los riesgos en materia de seguridad informática y responsabilidad frente a errores y mal funcionamiento del programa podrían presentar un riesgo para los desarrolladores.

Moody’s destacó que los viajes compartidos y su integración con sistemas autónomos podrían incrementar la eficiencia en la movilidad personal y brindar oportunidades a las compañías de tecnología.

Sin embargo, si los viajes compartidos reducen el crecimiento de la compra de vehículos, esto traería dificultades para los sectores de fabricación, financiamiento y seguros que dependen de dicho crecimiento, precisó.