México escaló cuatro posiciones, de la 16 a la 12, entre los países que más captaron Inversión Extranjera Directa (IED) en el mundo durante el 2017, informó Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por su sigla en inglés).

La clasificación fue encabezada por Estados Unidos, quien redujo sus entradas de 457,000 a 275,000 millones de dólares en el año pasado frente al 2016.

Las posiciones siguientes, en orden descendiente, fueron ocupadas por China (136,000 millones de dólares), Hong Kong (104,000 millones), Brasil (63,000 millones) y Singapur (62,000 millones).

México recibió IED por 30,000 millones de dólares, una cifra similar a la de un año antes, lo que fue destacado por la UNCTAD, considerando la incertidumbre por la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

“La inversión extranjera en la industria automotriz, que es usualmente fuerte, llegó a un nuevo pico, con 7,000 millones de dólares, 32% más. También, los flujos hacia la construcción, el transporte y las telecomunicaciones casi se duplicaron y las inversiones hacia el comercio crecieron 65%”, refirió.

La mitad de los 10 principales receptores son economías en desarrollo, China tuvo entradas récords, a pesar de una desaceleración inicial en el primer semestre del 2017. Francia, Alemania e Indonesia hicieron importantes saltos ascendentes en la lista.

Los flujos mundiales de IED cayeron 23% en el 2017 a 1.43 billones de dólares. La disminución contrasta fuertemente con otras variables macroeconómicas, como el PIB y el comercio, que experimentaron una mejora sustancial en el 2017.

Las proyecciones de mayor crecimiento económico, los volúmenes de comercio y los precios de los productos básicos normalmente apuntan a un mayor aumento potencial de la IED mundial en el 2018.

Sin embargo, según la UNCTAD, los riesgos son importantes y la incertidumbre política abunda. La escalada y el aumento de las tensiones comerciales podrían afectar negativamente la inversión en las cadenas de valor mundiales.

Además, las reformas fiscales en Estados Unidos y una mayor competencia fiscal probablemente afecten significativamente los patrones de inversión global.

Los pronósticos a más largo plazo de las variables macroeconómicas contienen desventajas importantes, incluida la perspectiva de un aumento de las tasas de interés en las economías desarrolladas, con implicaciones potencialmente graves para las monedas de los mercados emergentes y la estabilidad económica.

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