Marissa Bernal habla sobre las dificultades que ha tenido para trabajar desde casa desde que empezó la pandemia en México, pero una canción del rapero Bad Bunny la interrumpe.

“Llevo más de cuatro años haciendo home office, pero con el coronavirus ya no es como antes”, narra. Por ejemplo, ahora sus vecinos están todo el tiempo en casa, oyendo música a todo volumen.

Para la nutrióloga Ana Rivera el teletrabajo es nuevo. No conocía las plataformas para reuniones virtuales, “era una incrédula de los servicios en línea”. Pero ahora ha tenido que aprender sobre las nuevas tecnologías, a veces un poco guiada por su hija de 15 años.

Lo más difícil paraArtemio Almazán, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ha sido que sus jornadas se desdibujaron. “Todo el día estoy conectado”, se queja.

Los tres coinciden en dos puntos: se necesitan reglas claras para evitar abusos de empleadores y, aunque no extrañan la oficina, quisieran salir al menos un poco de su improvisado despacho.

El teletrabajo sin regulación

En la Cámara de Diputados está congelada una reforma para regular el teletrabajo, fue aprobada en el Senado el 20 de junio del 2019. “El tema del outsourcing y otros acapararon la agenda”, explica Manuel Baldenebro, presidente de la Comisión del Trabajo  en San Lázaro.

Para cuando se pueda retomar el asunto es probable que muchos actores quieran opinar, porque “ahora se tiene otra perspectiva del tema”, considera. Por lo que es probable que se realice un parlamento abierto al respecto.

“Si hubiéramos abordado el tema el año pasado no hubiéramos tenido tanta experiencia. La Covid-19 ha forzado a muchos empleadores y trabajadores a implementarlo y verlo de otra manera”, apunta viendo el lado positivo.

El teletrabajo es la forma de organización laboral para la que no se requiere de la presencia física del trabajador en el centro de trabajo. Ésa es la definición legal aprobada por la Cámara Alta.

La reforma avalada por el pleno introduce el capítulo 12 bis a la Ley Federal del Trabajo (LFT), donde especifica que en esta modalidad hay un vínculo laboral con una empresa o empleador.

Es decir, no es trabajo independiente, sino realizado en el domicilio. Por lo tanto, los colaboradores deben gozar de igual “remuneración, capacitación, formación, seguridad social y acceso a mejores oportunidades laborales”.

No hay cifras oficiales sobre el teletrabajo en México. De acuerdo con Citrix, una compañía multinacional de tecnología e informática, 39% de las personas en el país puede trabajar de manera remota. Esto nos ubica en el tercer lugar en América Latina, debajo de Colombia (45%) y Argentina (44%).

Según la investigación “Teletrabajo en América Latina”, realizada por 5G Américas, en el 2018 México tenía a 2.5 millones de personas trabajando desde su casa. Era el segundo país en la región en ese ranking, el cual encabeza Brasil, con 12 millones de empleados en esa modalidad.

Experimento positivo

De acuerdo con el reporte “Covid-19 CFO Pulse Survey de PwC”, el 64% de los CFO del país apostará por el home office en cuanto se permita el retorno pleno a los centros de trabajo, aunque esta modalidad sólo beneficiará a los puestos que se puedan adaptar al teletrabajo.

“Cuando esto ocurra, los líderes de finanzas también acelerarán la automatización de sus compañías (60%), al tiempo que cambiarán sus medidas y requisitos de seguridad para proteger a sus trabajadores”, destaca PwC.

Al respecto, Mauricio Reynoso, director general de la Asociación Mexicana en Dirección de Recursos Humanos (Amedirh), considera que si bien cada vez es más frecuente la existencia de políticas para realizar el home office, muy pocas organizaciones estaban preparadas suficientemente para mudar su operación a la modalidad de teletrabajo.

“Sin embargo, con ajustes mayores o menores, esta opción ha mantenido a flote a miles de empresas de todos los tamaños y sectores, gracias a ventajas evidentes como su flexibilidad y la sana distancia”, explica.

Home office sin límites

“México no está preparado para adoptar la práctica de trabajo a distancia”, opinó 58% de las personas encuestadas por Citrix. Ana Rivera, Artemio Almazán y Marissa Bernal están de acuerdo con esa afirmación.

Ana Rivera admite que ella misma no lo estaba; “yo era una crítica de dar consultas en línea”, comenta. Pero tras una semana de cierre, la dueña de la clínica para la que trabaja le indicó que entrarían a esa modalidad.

La nutrióloga tuvo que aprender a usar Zoom, una de las plataformas virtuales. Pero más allá del canal, debió encontrar la forma de comunicación para interactuar y entender a sus pacientes a distancia, cuenta.

“También tuve que adecuar mis horarios. Al principio fue un caos, porque con mi hija adolescente y mi esposo aquí todo el tiempo, la casa se ensucia más”. detalla.

Artemio Almazán tampoco sabía usar esas tecnologías, pero ése no fue el principal problema. “A los directivos les fue difícil concebir que trabajaríamos sin que ellos nos observaran”.

A principios de marzo, a regañadientes, fueron aceptando que de uno a uno dejaran de ir a la oficina. “El coronavirus desestabilizó a muchos empleadores, no sólo en lo económico, sino en lo organizacional. Les rompió esquemas”, comenta.

Marissa Bernal es contadora. Iba dos días a la oficina y los otros tres trabajaba desde casa. Su edificio era relativamente silencioso, sus vecinos se iban a trabajar y sus hijos a la escuela. Pero ahora están todo el tiempo ahí, incluyéndola a ella. “Esto me ha movido incluso las rutinas”, dice.

Además, igual que Artemio Almazán, está trabajando más. “Le reporto a dos jefes, y uno es nuevo en esto del home office. Envía mensajes desde las 7 de la mañana y pide cosas después de las 8 de la noche”, relata.

“Mi horario termina a las 5 de la tarde, nunca me salía a esa hora de la oficina, porque había mucho trabajo. Pero el que ya no estuviera ahí le marcaba un límite a los jefes, pero parece que ahora ya no lo tienen”, agrega el investigador de la UNAM.

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