Entrevista a Guadalupe Phillips, directora general de ICA.

A un año de haber salido de concurso mercantil, ICA vive una nueva etapa, marcada no sólo por la redefinición de su ADN, sino por el cambio del entorno de negocios que representa el nuevo sexenio. “Sí se vislumbran cambios, habrá nuevas reglas del juego, pero los cambios no tienen por qué ser negativos”, advierte optimista Guadalupe Phillips, directora general de la constructora.

No restan ánimo a ICA ni la cancelación del Nuevo Aeropuerto de México (NAIM) —en cuya construcción ICA tenía una participación destacada— ni la noticia de que el Aeropuerto de Santa Lucía será construido por el Ejército, quedando relegadas las constructoras privadas. La constructora se enfoca en prepararse para ganar un espacio en otras obras emblemáticas del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

“Vemos muchas oportunidades en los planes que ha anunciado el presidente López Obrador; está la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya o el ferrocarril del Istmo”, refiere Phillips Margain. Incluso cuando se le recuerda que, cuando menos en este primer año de gobierno, la inversión pública física no es mayor que en el poco halagüeño pasado reciente, la ejecutiva destaca el potencial que existe con la sola renovación de infraestructuras obsoletas en el país y con el uso de figuras creativas de financiamiento que den más espacio al sector privado.

“Hay una gran oportunidad con la puesta al día de obras como centrales hidroeléctricas y presas”, afirma. La ejecutiva muestra la seguridad que le da el haber sacado a la ICA —otrora gigante de la construcción mexicana— de lo que parecía una quiebra segura, luego de reestructurar casi 70,000 millones de pesos en deuda pero, sobre todo, de haber dado una nueva identidad a la compañía para convencer a sus acreedores de la viabilidad del negocio.

Con una nueva organización, más esbelta y ágil, mayor apertura a asociaciones y el foco puesto en la búsqueda de obras rentables y bien estudiadas, antes que voluminosas, la constructora se declara preparada para competir en un nuevo entorno en el que el cliente principal, el gobierno federal, se decanta por nuevos ejes rectores de la obra pública.

“El gobierno nos ha mandado mensajes que nos parecen positivos: la lucha contra la corrupción, la necesidad de una mayor transparencia y el impulso a las empresas mexicanas son algunos. Como sociedad estábamos arraigados en una forma de hacer las cosas y el hecho que nos estén cambiando las reglas del juego no es negativo, simplemente que tenemos que aprender a escuchar. Especialmente al sector empresarial le cuesta escuchar”, afirma.

Una de sus primeras experiencias en el trato con el nuevo gobierno ha sido justamente el término de los contratos del NAIM, pero al respecto, Phillips Margain revela que los documentos se están finiquitando en tiempo y forma, por lo que descarta que el asunto pueda escalar a los tribunales. Optimista nuevamente afirma que, con independencia de que las constructoras participen o no en la edificación de la nueva terminal aérea, “lo que nos importa a todos, como país, es que se resuelva la saturación aérea para darle mayor competitividad”.

Crisis oportuna

Visto a la distancia, Guadalupe Phillips se siente aliviada por el timing que tuvo la crisis de ICA, pues enfrentarse a la realidad del agotamiento de su modelo de negocios hace casi tres años permitió a la empresa solucionar sus problemas en un momento oportuno previo a los nuevos desafíos que plantea el nuevo gobierno.

“Estamos ajustándonos a una nueva realidad, aunque las reglas no estén tan claras todavía. Estábamos muy malacostumbrados a llegar con cosas ya dadas. La crisis nos preparó para las reglas del juego actual. Teníamos que rehacer el modelo de negocio porque había tronado aquí y en muchos lugares”, aseveró.

“Hoy podemos empezar y terminar una obra en tiempo. Hoy vamos a la presentación de ofertas en las licitaciones entendiendo perfectamente cómo vamos a ejecutar”, añade, luego de explicar cómo se deshizo de la burocratización de ICA. Choferes, asientos de avión en primera clase, secretarias particulares y la señorial estructura de vicepresidencias de la empresa son cosas del pasado.

Aunque reestructurar la compañía también significó un duro recorte de capital humano, refiere con orgullo el incremento dramático de la productividad, cuyo deterioro era evidente cuando tomó la batuta de la empresa en el 2016. Por aquel entonces, dijo, “teníamos un obrero por un técnico administrativo. Para tener una idea, hoy esa razón es de uno a 10, pero se puede llegar incluso a un nivel de uno a 25, dependiendo del ciclo de la obra”.

Otro de los focos de la dirección de ICA es la tecnificación, un elemento disruptivo en una industria que “tradicionalmente se había mantenido rezagada en términos tecnológicos”. Los cascos con chip para prever un movimiento eficiente de los empleados de la construcción y los sensores para el monitoreo de las obras forman también parte de la nueva caja de herramientas de la constructora mexicana.

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