La salida del fabricante de automóviles Ford en Brasil es reflejo de los cambios globales del sector, el cual requiere una mayor inversión en tecnología, pero sirve también de alerta para el país sobre la necesidad de reducir los costos y trabas tributarias, según expertos.

Ford atribuyó el cierre de sus tres fábricas en Brasil en el 2021 a la “persistente capacidad ociosa de la industria y a la reducción de las ventas, resultando en años de pérdidas significativas” que se vieron incrementadas por la pandemia del coronavirus.Pero, según especialistas consultados, su salida es también parte de una decisión estratégica de la compañía en el marco de un contexto global de cambios, el cual pasa por reforzar la apuesta en vehículos con elevados componentes tecnológicos.

“La justificativa de Ford fue que estaban con productos desactualizados y la empresa no tenía cómo continuar invirtiendo en grandes áreas en Brasil que no serían prioritarias”, explicó el economista y profesor de la Fundación Getulio Vargas (FGV), Antonio Jorge Martins, especialista en el sector automotriz. De acuerdo con Martins, Ford “no estaba actualizándose de forma adecuada en el mercado brasileño” y se “resintió” de la falta de inversión en los últimos años.No obstante, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, afirmó que Ford no dijo “toda la verdad” sobre su salida del país y la atribuyó al fin de los millonarios subsidios que durante años fueron otorgados al sector del automóvil.

La salida de Ford puso sobre la mesa las consecuencias derivadas del llamado “costo Brasil”, según alertaron tanto la Federación de Industrias de Sao Paulo (Fiesp) y la Confederación Nacional de Industrias (CNI). “Es el costo de logística, de los puertos, de una carga tributaria elevada”, precisó Martins.