Hay días a los que calificamos coloquialmente como “buenos”, pero sin duda, y en muy pocas ocasiones, se presentan otros a los que consideramos “geniales”. Hace poco más de una semana uno de ellos fue así gracias a la invitación que recibí de Ford para conocer a la familia Ford Performance en el Autódromo Hermanos Rodríguez, lo cual aseguraba una jornada de velocidad en la que se pondrían a prueba mis habilidades como reacción, trazado y posición de manejo, entre otras.

El primer paso fue organizar los turnos al volante para cada uno de los asistentes y después detallar la dinámica general. Para ello Ford contrató a pilotos mexicanos profesionales, como el campeón Memo Rojas, Rubén Pardo y Rubén Rovelo, entre otros. Fue hasta ese momento que la sorpresa fue revelada: tras conducir uno de los dos utilitarios seguidos por dos vueltas al circuito abordo del Shelby GT 500, cada participante tendría la oportunidad de ponerse al mando del Ford GT, ese deportivo de ensueño con genética de supermáquina del que se fabricarán un número limitado de unidades y por las que se deben desembolsar miles de dólares.

Raptor o Edge ST

Reconocer la pista, familiarizarse con las zonas de frenado, tomar referencias para girar, así como para saber cuál es el lugar idóneo para acelerar a fondo fueron algunos de los objetivos de la conducción de la primera unidad. En mi caso fue estar frente al Raptor, un descomunal pick up de 5.9 metros de largo y una altura de 2 metros.

Ciertamente un trazado tan rápido como el circuito de la Magdalena Mixhuca no es el terreno ideal para un gigante como éste. Sin embargo, sus 450 caballos de potencia y las 510 lb–pie de su motor 3.5 litros, V6, EcoBoost pudieron mostrarse a plenitud en lugares como la recta principal. La altura con relación al piso y el evidente balanceo de la carrocería fueron muy útiles para encontrar y determinar enfáticamente las secciones de frenado a fondo, así como la trayectoria idónea en curva. 

Shelby GT500

La última creación de la división Shelby aguardaba desafiante. Una vez estacionado el Raptor había que caminar por la calle de pits hacia el cajón donde un grupo de ingenieros mimaba al GT500 como intentando tranquilizarlo luego del atrevimiento de molestarle una vez más para salir a la pista. Y no porque le enfade llegar al final de la recta principal por arriba de 240 km/h o porque no disfrute el paso por la zona de las “S”, sino porque para exprimir todo su potencial hay que comprometerse desde el momento de abrocharse el cinturón y verdaderamente hacerle “estirar las piernas”.

El profesional del volante Rubén Pardo fue mi acompañante e instructor para en dos vueltas comprobar que el GT500 es un deportivo civilizado, permisivo, retador y eficaz en una pista de carreras. “Este auto tiene un poder inimaginable pero siempre con control, así que vamos a divertirnos sin perder de vista mis indicaciones”.

Una vez que el oficial de pista al final de la calle de pits autorizó nuestra entrada al trazado principal la adrenalina se desbordó. Acelerar a fondo, sujetar con firmeza el grueso volante, fijar la vista hasta el punto más lejano para anticiparse y percatarse del largo cofre con su prominente entrada de aire son apenas los primeros ingredientes que rápidamente hay que procesar en el cerebro para forzarnos a entender lo que pasa y lo que está por suceder. “Frena a fondo en trayectoria recta… gira apuntando al apex y mantente del lado derecho; sin acelerar y sólo con la inercia apunta a la izquierda. Ahora, apunta hacia el apex derecho y acelera a fondo… quédate en el extremo de la pista”.

Había que procesar cada orden pero también poner atención en la precisa dirección, en la sujeción total que brindan los asientos que te mantiene en la posición correcta al volante así como disfrutar el sonido del escape en aceleración máxima y sentir el torque cuando quedas contra el respaldo. Todo en fracciones de segundo, escuchando al instructor y comprobando que la actual generación del GT500 es la mejor de la historia, la más demandante pero también la más dócil, la que dibuja más sonrisas por kilómetro. Y faltaba aún lo mejor.

Ficha técnica: Shelby GT500

¥    Motor: V8, 5.2 l, supercargado

¥    Potencia: 760 hp

¥    Torque: 625 lb-pie

¥    Transmisión: Doble embrague 7 vel

Ford GT

“¡Vas a alucinar, te sentirás como en Le Mans!”, fue la advertencia que un colega español, también especializado del mundo motor, que me escribió en una de mis redes sociales al ver la foto del auto en los pits. Y no es para menos, porque de esta forma Ford de México anunció la llegada del modelo más espectacular de su gama. Con más de 600 caballos de potencia el Ford GT ahora podrá ser adquirido por un muy limitado número de clientes mexicanos.

Y qué suerte la mía que para mi turno estaría acompañado del Memo Rojas, piloto que tiene entre su palmarés dos campeonatos de la European Le Mans Series así como cuatro de la Grand Am Series. “¿Cómo sientes la distancia de los pedales?, Acomódate recordando la distancia correcta del volante” Fueron sus primeras palabras. La tarea era seria, porque este superdeportivo que a diferencia de la gran mayoría de sus competidores fue un proyecto específicamente para que Ford participara en diferentes competiciones a nivel mundial como Las 24 Horas de Le Mans, era la máquina más radical y avanzada tecnológicamente que hasta ese momento había manejado en mi carrera. Lo más increíble fue que su potencia de 647 caballos de fuerza provenientes de un motor V6 EcoBoost Twin Turbo con 3.5 litros de desplazamiento se llevaba entre las manos como el sedán familiar más apacible del mercado.