Todo empleado, sin excepción y a lo que se dedique, tiene como metas crecer en lo que realiza, ser especialista, tener un aumento, lograr estabilidad o ser exitoso, por lo que se trabaja constantemente, pero ¿realmente esto es suficiente?

Por años hemos escuchado que las personas exitosas trabajan largas horas, se entregan de lleno al trabajo e incluso sacrifican otros aspectos de su vida, como el tiempo con su familia, amigos o pareja, y no porque no quieran convivir con ellos, sino que se prioriza tanto el trabajo que lo demás puede pasar inadvertido. Esto, en lugar de ayudar a lograr las metas, es una fórmula que conduce directamente al fracaso, decepción, frustración y otros problemas.

Ejemplo de ello son Steve Magness y Brad Stulberg, quienes en su juventud, uno era atleta que corría un cuarto de milla en 3:46 minutos y quien se obsesionó tanto con el ejercicio que se convirtió en uno de los mejores corredores universitarios (Steve), mientras que Brad era consejero de directores generales de empresas multimillonarias e incluso diseñó un modelo que predeciría los efectos de la reforma sanitaria de Estados Unidos, tarea a la que se dedicó día y noche sin parar, generándole ansiedad y estrés.

Se podría pensar que ambos destacaron; sin embargo, Steve no volvió a tener una carrera y al dejar la casa Blanca, Brad no recibió una oferta de trabajo ni fue socio de una prestigiosa empresa. En cambio, su salud se dañó y sus ilusiones y entusiasmo se desvanecieron. 

“Estas historias no son únicas. Ocurren en todas partes y le pueden suceder a cualquiera”, indica Brad y Steve, autores del libro Máximo rendimiento, quienes se cuestionaron si “¿es posible un máximo rendimiento sano y sostenible? Si es así, ¿cómo? ¿Cuál es el secreto? ¿Cuáles son, si es que hay algunos, los principios que subyacen tras el alto rendimiento? ¿Cómo puede la gente como nosotros —es decir, prácticamente cualquier persona— adoptarlos?”.

La fórmula

Al igual que al hacer ejercicio, si queremos bajar de peso y aumentar la masa muscular, el cuerpo necesita descanso del trabajo o, de lo contrario, sólo quedaremos agotados y sin alcanzar nuestras metas. De esta manera, la mente se recupera y fortalece.

“No podemos utilizar nuestra mente de forma constante sin experimentar cansancio en algún momento. Esto nos lleva a una fórmula: esfuerzo + descanso = desarrollo”.

No descansar bien genera la acumulación de estrés excesivo al que el cuerpo no puede adaptarse. Contrario a la idea de que el estrés ayuda a trabajar mejor, el organismo y mente se deterioran provocando una etapa de agotamiento (estrés crónico), el cual daña el trabajo y especialmente la salud. Sin embargo, el estrés también es bueno, si se aplica en la dosis correcta.

El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi se dio cuenta de que los triunfadores lograban sus mentas si se esforzaban hasta su límite y un poco más sin sentirse aturdidos. Así, planteó trabajar con retos apenas manejables, aquellos que hacen sentir a la persona un poco fuera de control o con carga, pero sin generar demasiada ansiedad.

“Cuando la tarea está ligeramente más allá de tus capacidades, estás en el punto ideal”, dicen los autores.

Si una tarea está por debajo de un desafío, hará que sientas que lo tienes en el bolsillo por ser demasiado fácil y no requerirá el esfuerzo que ayude de estímulo al crecimiento. Ahora que si es superior, que produce la sensación enervante de escuchar los latidos de tu corazón, hará difícil concentrarse. Hay que encontrar el punto medio.

No seas multitask

Otra idea para tener éxito es ser multitareas porque permitirá ser más productivo, lo cual es falso. 

Nuestros cerebros no son computadoras y aun para quienes presumen hacer varias cosas a la vez, escáneres de imágenes cerebrales, han revelado que no pueden estar en dos tareas a la vez con un nivel elevado de calidad.

Al hacer varias tareas a la vez, el cerebro destina sólo una parte de la capacidad cognitiva a cada una, dejando como consecuencia una baja calidad e, irónicamente, arrebata hasta 40% del tiempo productivo de la persona y aunque parezca que se hace el doble de cosas, no es ni la mitad.

También causa mala memoria a largo plazo, lentitud para identificar patrones y menor eficacia al filtrar información.

elizabeth.lopez@eleconomista.mx