La emergencia de los negocios digitales y el desdoblamiento de los tradicionales hacia el mundo digital constituye hoy uno de los mayores desafíos para las autoridades de competencia en el mundo. Por ello, es imperativo que las autoridades tengan un diálogo más fluido y que generen criterios de actuación regulatoria, especialmente en jurisdicciones como la mexicana, en donde los casos de competencia son procesados por dos organismos, la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) y el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT).

Es la opinión de Javier Núñez Melgoza, director de la consultoría Ockham Economic Consulting, quien es enfático sobre la creciente complejidad en el análisis de competencia en una economía que se mueve con rapidez hacia los negocios dominados por el internet de las Cosas, los algoritmos, el procesamiento de grandes cantidades de información (big data) y el aprendizaje de las máquinas (machine learning).

En medio de la polémica que desató el IFT, el órgano regulador mexicano de las telecomunicaciones y radiodifusión, así como de la competencia en esos sectores, quien reclama ser él y no la Cofece la autoridad competente para analizar la concentración de las plataformas logísticas Uber y Cornershop, los expertos apuntan que se trata de un conflicto que se veía venir, ante el creciente protagonismo de las plataformas digitales.

“Muchos negocios que eran de fierros se están convirtiendo en negocios virtuales donde se requieren plataformas. No están delimitadas las fronteras de lo que le toca a cada regulador”, dice Núñez Melgoza, quien fungió como comisionado de la Cofece y como funcionario fue fundador del primer órgano de competencia en México, la extinta Comisión Federal de Competencia.

“La ley tiene un mecanismo de asignación de asuntos, pero creo que hay una tensión que se tiene que resolver. Yo creo que se tienen que sentar y poner de acuerdo en los estándares analíticos y llegar a un acuerdo sobre las cosas que le tocan a cada uno”, comenta.

Pero más allá de la definición de facultades de actuación, preocupa el rezago de la autoridad —no sólo en México, sino en el mundo— en la carrera por entender los modelos de negocios sobre los cuales debe tomar decisiones regulatorias.

“En un mundo de plataformas y con grandes bases de datos, la manera de determinar el mercado relevante está generando problemas. Las autoridades no están pudiendo determinar correctamente el mercado relevante”, alerta. Lo grave de esto, comenta, es que todo el análisis de mercado que se haga sobre una delimitación errónea del objeto de análisis evidentemente puede estar mal.

“Necesitamos criterios, guías de mercado relevantes, de poder sustancial. Las autoridades deberían ser más proactivas en lineamientos de temas que deberían estar planchados”, dice.

El consultor recomienda que, en el caso de las plataformas, al tratarse de mercados muy dinámicos en donde “nada está dicho”, las autoridades regulatorias deben ser cuidadosas con sus intervenciones, pues se puede terminar perjudicando a los consumidores, que se podrían privarse de las innovaciones de estas empresas, que se transforman con gran velocidad.

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