En Brasil, las fusiones y adquisiciones de empresas (M&A, por su sigla en inglés) han tocado su punto más bajo en un lustro, de acuerdo con cifras de Thomson Reuters. La caída es cercana a 10%, respecto del 2011. Alcanza un promedio mensual cercano a 6,000 millones de dólares.

Al gigante de América del Sur le afecta un clima internacional no favorable para las fusiones y adquisiciones, pero también le ha afectado la preocupación de los inversionistas respecto de una creciente intervención estatal, la desaceleración de la economía y la entrada en vigor de nuevas disposiciones para regular prácticas oligopólicas.

CALIDAD Y SERVICIOS

La presidenta Dilma Rousseff ha enfocado su discurso y algunas acciones de gobierno a exigir a las empresas de los sectores financiero, telecomunicaciones y energético que ofrezcan menores precios y mayor calidad en el servicio a los consumidores brasileños.

Mientras se definen las reglas del juego en esta nueva exigencia, los inversionistas han actuado con cautela.

Las perspectivas en el futuro próximo para las operaciones de fusiones y adquisiciones empresariales podrían mejorar radicalmente con la puesta en marcha de un masivo plan de infraestructura que implica inversiones superiores a los 50,000 millones de dólares, para renovar puertos, caminos y para crear una nueva red de aeropuertos.

Este plan implicará la activación de operaciones de gran escala para constructoras y proveedores de materiales de construcción, tales como cemento y siderúrgicas.