La Federación Unitaria de Trabajadores Automotrices, Autopartistas y Conexos (FUTAAC) aseguró que General Motors Venezolana (GMV) aprovecha el embargo de su planta como una excusa para cesar sus operaciones en el país, al tiempo que rechaza el despido de sus trabajadores.

General Motors se está aprovechando de esta situación para irse de Venezuela. Ese embargo no pone en riesgo sus operaciones y es falso que se hayan congelado sus cuentas , aseguró Christian Pereira, presidente de la FUTAAC, quien deploró la actitud asumida por la empresa tras la medida de embargo contra la planta de Valencia.

El pasado 18 de abril, un tribunal del estado de Zulia ordenó el embargo de las instalaciones fabriles de GMV como garantía para el pago de una indemnización de 476,000 millones de bolívares al concesionario zuliano Centro Mercantil Automotriz Latino, tras una disputa legal introducida 17 años atrás.

Tras el embargo y aquejada por más de 16 meses sin producir un solo vehículo, la empresa decidió cesar sus operaciones en Venezuela, procediendo a la liquidación de sus casi 2,700 trabajadores. Según Pereira, la demanda contra GMV no amerita que la empresa se vaya del país, y dijo desconocer el valor total de las instalaciones las mayores de su tipo en Venezuela , señaló que tiene un precio muy superior al monto demanda por el concesionario en cuestión.

Desde este punto de vista, si el monto es llevado a la tasa vigente del dólar en el mercado paralelo esta semana (alrededor de 4,300 bolívares por dólar), el costo de la demanda oscilaría alrededor de los 110 millones de dólares.

Solo la planta de pintura de GMV, que es la más moderna del país, costó 90 millones de dólares. Entonces no es cierto que la demanda los deje en la ruina , dijo Pereira, quien agregó que poner a andar nuevamente la planta costaría a la empresa decenas de millones de dólares y al menos año y medio de trabajo, inversiones y tiempo que la corporación no está dispuesta a realizar.

El embargo le cae como anillo al dedo para irse del país, algo que GM ha querido hacer desde hace algún tiempo , enfatizó el sindicalista, quien recordó que dado la obsolescencia de los modelos que producía antes del cierre, la firma tendría que realizar inversiones de entre 70 y 80 millones de dólares por cada nuevo modelo que introdujera en su portafolio.

Pereira rechazó que la empresa haya anunciado a sus trabajadores el cese de la relación laboral a través de mensajes de texto, asegurando que el despido es improcedente toda vez que están protegidos por un amparo ante la Inspectoría del Trabajo de Valencia.

Afirmó además que la empresa miente al decir que sus cuentas fueron embargadas, y muestra de ello es que fueron depositadas en las cuentas de algunos trabajadores el monto de las prestaciones sociales correspondientes. Si hubieran sido embargados no tendrían con qué pagar , dijo.

Al afirmar que la esperanza de los trabajadores automotrices y de todos los carabobeños es que GMV vuelva a producir vehículos Chevrolet porque son un emblema del país , Pereira dijo que el viernes pasado solicitaron al Consejo Legislativo de Carabobo su mediación para alcanzar una solución a la crisis planteada tras el embargo y posterior anuncio de cese de actividades de la firma.

Tras haber liderado las ventas por más de 35 años y con una participación de mercado superior a 35%, desde diciembre del 2015 GMV cesó sus operaciones por falta de materia prima y la imposibilidad de acceder a dólares oficiales para este fin.

La empresa rechazó la posibilidad de imitar el esquema utilizado por Ford y Toyota de adquirir material importado con recursos propios y vender los autos producidos en dólares, una iniciativa que ha dado resultados bastante pobres a ambas firmas.

Por esta misma situación, GMV no ha podido remitir dividendos a su casa matriz desde hace varios años, mientras soporta el peso de una deuda de cientos de millones de dólares con sus proveedores internacionales.

Esta nota fue publicada originalmente en El Estímulo de Venezuela.