De ser palomeada la propuesta de incrementar el contenido regional de 62.5 a 75% en la regla de origen automotriz, como parte de la modernización del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), México enfrentará un desafío que “es alcanzable”, que demandará de fuertes inversiones, pero también de un plan integral de desarrollo industrial que contemple desde energía barata hasta innovación tecnológica en toda la cadena de proveeduría, aseveró José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC).

En un primer momento, las automotrices asiáticas y europeas se enfrentarán a un cierto grado de afectación, al tratar de alcanzar una mayor integración regional porque recurren en mayor proporción a la proveeduría en la región asiática; de modo que deberán trasladar empresas del oriente a Norteamérica o bien hacer inversiones, comentó.

En entrevista con EL Economista, De la Cruz explicó que el reto de alcanzar mayor contenido regional no es novedad ni mucho menos suena fuera de lugar, puesto que existen ejemplos como la Unión Europea que posee una integración regional de 70%, mientras que China tiene como objetivo alcanzar 70% de valor nacional hacia el 2025.

Dentro de las negociaciones que se realizan para el TLCAN 2.0, México planteó una contrapropuesta a Estados Unidos de coincidir en el incremento del contenido regional a 75%, con un periodo de transición de cinco años para ajustar los procesos de producción y logística de la cadena de la industria automotriz, así como el hecho de que un porcentaje del valor del auto se fabrique en un lugar con el salario de 16 dólares la hora, además de que se utilice 70% del aluminio de la región en componentes y partes.

“Es un desafío que será alcanzable, que requerirá inversiones fuertes y de un plan integral de desarrollo industrial. Por un lado de energía barata; por otro, innovación tecnológica en toda la cadena de proveeduría para hacerlo a precios competitivos, de alta calidad y desarrollo educativo para generar a los ingenieros que darán dinamismo a este sector”, consideró el especialista económico.

Desde la perspectiva del Idic, el transitar de un contenido regional de 62.5% —nivel en el que actualmente operan las automotrices— a 75% para la manufactura de un vehículo “no tendrá afectaciones a la economía mexicana, sino oportunidades y beneficios de producir partes automotrices de valor agregado, que crearán empleos y dinamismo a la economía mexicana”, destacó José Luis de la Cruz.

“La transición implicará un costo, porque se requerirán hacer inversiones y adecuaciones de planta y, por otro lado, buscar empresas que ya hagan sus procesos en América del Norte implicaría inversión de origen y coinversiones con las empresas o proveeduría establecida que ya lo realizan. Sí se puede, como lo hizo Nissan en su planta de Aguascalientes 2 que aceleró su construcción en 12 meses”.

Respecto a incluir el tema salarial en la regla de origen, dijo, llevaría a la industria automotriz a una mayor automatización, en donde los obreros serán remplazados por los robots para incrementar la productividad y con ello se obligue a las empresas a capacitar a su personal y desarrollar tecnología e innovación. Reconoció que México es muy atractivo en la cadena de proveeduría automotriz, debido a los niveles salariales, que son entre seis y ocho veces más bajos respecto a Japón o Europa.