Cuando miró a su regordeta esposa zambullirse y nadar en el río de agua termal de Los Gavilanes, Tadeo Israel Rodríguez sintió un gran regocijo con el que inició un nuevo ciclo con su pareja, queriendo olvidar los peores tragos de su vida, tan recurrentes en la memoria.

Su esposa Marta, de 1.59 metros y 73 kilos, nadaba en aquel centro recreativo por cuatro razones: bajar de peso, evitar la diabetes, prepararse para el ansiado embarazo de su primogénito y relajar la tensión acumulada durante un año y 47 días.

Para Tadeo Israel, aquella escena era el cumplimiento de la promesa de que él llevaría a su esposa a nadar a Los Gavilanes, tan pronto cobrara su primera quincena en la planta de autos de Nissan ubicada en esta ciudad.

Había además un gesto de gratitud en ese momento, porque a lado de Marta nadaban sus sobrinos Jaquelín, Pancho y Carlitos, de 10, 13 y 16 años, respectivamente, y la suegra de él, llamada también Marta.

Marta, la suegra, estaba ahí porque, gracias a ella, Tadeo Israel y su esposa comieron muchos días otros platillos que no fueran sopas de pasta. Pero aquellos instantes de júbilo, no eran para recordar sus agobiantes desdichas, sino para tratar de alejarlas, tal como lo manifestaba su fiel cónyuge, braceando con una renovada vitalidad.

Él era uno de los 600 nuevos trabajadores contratados por Nissan. Hacía 20 días que había vuelto a pisar la planta para trabajar como inspector de calidad, un puesto en el que checa que los autos estén bien pintados, sin manchas, holguras, desniveles u otros desperfectos. Y hacía nueve días que había cobrado su primer sueldo de 3,250 pesos quincenales.

Para unos, esa cantidad podría parecer poca; para otros, mucha. Para él, eran 100 pesos mensuales más que el sueldo que le pagó Nissan del 2 de mayo del 2006, cuando lo contrató por primera vez, hasta el 11 de marzo del 2009, el día en que lo despidió. Esta vez, representaron la solución a su ruina inminente.

Un par de horas después, en el centro recreativo, las dos Martas se pusieron a asar y a preparar hamburguesas de soya, que repartieron entre los seis y se las comieron con la mayor hambre que da luego de nadar.

Con la esperanza hecha pasta

Fue entonces, en medio del relajamiento, que a la cabeza de Tadeo Israel volvió la remembranza de cuando él y su esposa desayunaron, comieron y cenaron únicamente sopas de pasta durante tres días a la semana, cuando durante dos meses no tenía nada de dinero en sus bolsillos.

Eran sólo tres días a la semana porque los cuatro restantes, en forma intercalada, comían en la casa de su suegra.

La pasta nos gustaba, pero tanto nos la atarragábamos, que la terminamos odiando , reveló con una sonrisa, sin el menor dejo de ocultar su desgracia.

La idea de hacer hamburguesas con soya fue de Marta, la esposa, porque se la recomendaron en el Grupo Sodhi (Sobrepeso, Obesidad, Diabetes e Hipertensión) del IMSS, donde aprendió a nadar y lleva asistiendo año y medio, tiempo en el cual logró bajar 17 kilos, desde los 90 que pesaba.

Hincar los dientes en esas hamburguesas era un festín, tras haber dejado de comer la variedad (aunque al final no había tanta distinción entre una y otra) de sopas de pasta, que iban desde las de fideo, lengua y munición, hasta las de espagueti y codito, pasando por las de moño y estrella.

La hora de celebrar

Cómo no celebrar, si durante cuatro meses recorrió las zonas industriales de San Pancho, Ciudad Industrial y Ciudad Valle, sin conseguir empleo.

Si te digo que fui a 60 industrias a pedir trabajo, son pocas , dijo, aún con cierta incredulidad. Unas veces me decían que no había vacantes; otras, que le habían dado preferencia a un familiar; otras que... .

Y lamentablemente lo peor vino poco a poco. Nissan le pagó 70,000 pesos de liquidación en marzo del 2009. Pero tenía una deuda de 14,000 pesos en Bancomer y otra de 33,000 pesos en Fonacot. Además, había gastado 3,500 pesos en una caja de velocidades para su camioneta Chrysler Voyager, que de todos modos no quedó bien y terminó arrumbada.

Una llamada esperada... muy esperada

La situación dio un vuelco cuando la noche del 22 de abril del 2010, su suegra contestó una llamada de un directivo de la planta de Nissan. Ese número de teléfono es el que había dado Tadeo Israel como referencia.

Apenas colgó, llamó al celular de la otra Marta. El mensaje para él: era posible una recontratación y tenía que presentarse al día siguiente.

Tadeo Israel fue y, para su fortuna, quedó contratado.

Viendo hacia la planta, externó que le gustaría tener dos hijos y que buscará acomodar su horario, lo que le permite su nueva empresa si es para estudiar.

Ahora, trabaja de lunes a jueves de 7 de la noche a 7 de la mañana. Para mí, esto es como un sueño. En Nissan, no hay límites para crecer , dijo, notablemente cansado y contento a la vez.

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