El escaso avance que ha traído la reforma energética del 2008 para Pemex en términos operativos, administrativos y financieros, se debe en gran parte a las diferencias negativas entre la producción estimada y la producción observada en los proyectos de la empresa, las cuales han sido recurrentes en los últimos años.

En el 2010, por ejemplo, la producción mínima de crudo que se esperaba era de 2 millones 877,000 barriles diarios; no obstante, lo máximo que se produjo fue 2 millones 526,000 barriles diarios (12% menos). Asimismo, en aquel año la producción mínima de gas que se contemplaba era de 6,729 millones de pies cúbicos por día, pero lo máximo que se produjo fue 6,285 millones de pies cúbicos por día (7% menos).

Así, las exportaciones de petróleo se han reducido 26% en los últimos siete años, al pasar de 1 millón 870,000 a 1 millón 372,000 barriles diarios, generando una menor renta petrolera. Por otro lado, las importaciones de combustibles realizadas por la paraestatal han aumentado hasta alcanzar 651,000 barriles diarios, cantidad muy por arriba de 200,000 barriles diarios que se importaron en el 2003.

Además, la restitución de reservas no ha sido favorable para Pemex, el año pasado la tasa de restitución esperada era de 86% y sólo alcanzó 79 por ciento. Aunado a ello, la capacidad de refinación no ha mejorado, es prácticamente la misma que hace 10 años (1 millón 559,000 barriles diarios promedio).

En cuanto a su régimen fiscal, cabe destacar que Pemex no ha podido generar utilidades después del pago de impuestos y dividendos al sector público. Tan sólo en el 2010, la empresa tuvo utilidades antes de impuestos por 606,678 millones de pesos, pero después de pagar impuestos se quedó con una pérdida anual de 47,463 millones de pesos.

En este sentido, un aspecto relativamente bueno de la reforma del 2008 es la mayor capacidad de endeudamiento que tiene Pemex, deuda que en su mayoría se destina para su mantenimiento y operación.

En cuanto a la figura de los contratos incentivados, Miriam Grunstein, académica del Centro de Investigación y Docencia Económicas, indicó que sólo han mostrado la indecisión y la parálisis del proceso de la reforma energética mexicana, ya que hay indicios importantes de que el interés comercial de estos contratos es limitado, debido a que el rendimiento ofrecido por Pemex es bajo.

De acuerdo con Grunstein, se necesitan reformas urgentes en la distribución de los ingresos de Pemex para que los sobrantes en momentos coyunturales se queden para inversión en la paraestatal.

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