Los retos comerciales y políticos actuales, con el ascenso de ideologías proteccionistas y populistas, demandan empresas más responsables de su impacto social y directores generales (CEO, por su sigla en inglés) con competencias más allá de las gerenciales tradicionales, advirtió Santiago Iñiguez de Onzoño, experto en management de la IE Business School de Madrid.

Los CEO que apuesten hoy a mantener a sus empresas en una posición competitiva, afirma, deben cumplir con las tres C: ser Competentes, Comprometidos y Cultivados. No sólo deben estar cualificados con las capacidades técnicas y gerenciales que se necesitan para dirigir la operación diaria del negocio (CEO competentes), sino que también deben estar conscientes de que la empresa es un actor vivo que se debe a sus medios físico y social, ante quienes debe rendir buenas cuentas (CEO comprometidos).

No menos importante es que los CEO deben tener fundamentos de las disciplinas que permiten comprender el mundo desde la perspectiva de las motivaciones humanas que trascienden la racionalidad que estudia la teoría económica, es decir, desde los lentes de las humanidades (CEO cultivados).

“Un directivo que conoce la historia y sabe qué ha pasado en las crisis anteriores y sabe que la economía tiene una naturaliza cíclica sabe que se puede aprender de los ciclos anteriores”, afirmó en entrevista desde su despacho en Madrid el también presidente de la IE University y autor del libro Cosmopolitan Managers, Executive Development that Works.

Y prosigue: de las artes y otras ciencias sociales se pueden extraer enseñanzas de sumo valiosas para entender la realidad del entorno social en el que las empresas luchan por sobrevivir y ser exitosas. “(Ahí está) la importancia de la literatura para saber cómo nos comportamos las personas. O la importancia que tiene la geografía, la demografía, la antropología, las artes. Un analista de riesgos puede aprender mucho de la observación que desarrollan los artistas o los arquitectos al contemplar una obra de arte”. La clave está en la frescura analítica que otorga el conocimiento de las humanidades en conjunto con las disciplinas tradicionales de administración. “Si un analista de riesgos que tiene una orientación muy clara hacia la acción desarrolla una capacidad de observación más analítica superará a sus colegas”.

“Defiendo directivos cultivados, comprometidos y competentes. Lo que yo defino como directivos cosmopolitas”, resumió el también decano de la IE Business School.

Directivos con estas cualidades producen una gestión con mayores probabilidades de conducir la empresa con rentabilidad, pero también de hacer negocios con un espíritu de valor compartido que abone a relajar las tensiones entre grupos sociales y entre gobiernos.

“En el mundo se están poniendo inconvenientes de carácter tarifario, legal, político, entonces resulta crucial cómo las empresas sortean todos los inconvenientes para hacer negocios y cómo al final, uno de los remedios para la mala política internacional es hacer buenos negocios. Lo que más integra a la sociedad global es el comercio, son los buenos negocios”, afirmó.

En opinión de Íñiguez, el CEO cosmopolita es el mejor preparado para trabajar en un entorno en el que hay que balancear los intereses de todos los grupos de interés alrededor de la empresa (stakeholders): trabajadores, accionistas, consumidores, la opinión pública, el gobierno, entre otros.

Formarse así “no es rápido, no es una receta que se pueda aplicar en un solo día, es un reto de toda la vida”, admite el decano de la IE Business School, pero concientizarse de la importancia de tener un perfil integral es crucial para todas las generaciones de directivos. Vienen nuevos retos: “Vamos a un modelo de directivo que tiene cada vez más protagonismo social. Tiene una voz pública creciente”, remata.