El nuevo presidente estadounidense, Joe Biden, será un factor clave en la competencia entre dos mega tratados de libre comercio: el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (TIPAT) y la Asociación Regional Económica Integral (RCEP, por su sigla en inglés).

El TIPAT y la RCEP compiten por incrementar su peso económico y político en el mundo, el primero con la posibilidad de que se adhiera Estados Unidos y el segundo con China como integrante.

En 2019, del total del comercio mundial de productos, la RCEP abarcó 27%, mientras que el TIPAT (sólo con sus 11 miembros, sin Estados Unidos) tuvo una participación de 15%, de acuerdo con datos del Banco Mundial.

Según algunos analistas, la RCEP y el TIPAT ofrecen visiones alternativas de las reglas y normas mediante las cuales se llevarán a cabo las relaciones comerciales y de inversión en Asia y la región Asia-Pacífico. En general, se espera que su competencia definirá al modelo comercial replicable en el futuro.

Japón espera que Estados Unidos se reincorpore al TPP-11 bajo el presidente Biden y se muestra reacio a admitir a China en el bloque antes de que esto suceda. Pero Biden, que apoyó el acuerdo comercial original durante la administración Obama, se centró en gran medida en las empresas nacionales durante su campaña. “Hay 11 miembros en el TPP, y los nuevos países no pueden unirse sin su aprobación”, dijo en diciembre pasado el primer ministro japonés Yoshihide Suga, según el diario Nikkei. “Hay un gran obstáculo” para los nuevos miembros, añadió. “Lo pensaremos estratégicamente a medida que respondamos”.

También a finales del 2020, el ministro de Relaciones Exteriores de Japón, Toshimitsu Motegi, subrayó que el TPP-11 establece altos estándares para las regulaciones sobre comercio electrónico, propiedad intelectual y empresas estatales. “Necesitamos asegurarnos de que cualquier miembro nuevo esté preparado para cumplir con estos estándares”, dijo.

Cumplir con los estándares existentes del TPP-11 pondrá a prueba el compromiso de China de unirse al acuerdo. Por ejemplo, el bloque prohíbe un trato especial para las empresas estatales para garantizar una competencia leal, en parte una respuesta al exceso mundial de acero y otros productos provocado por inversiones de capital agresivas por parte de los fabricantes estatales de China. Algunos observadores sostienen que el gobierno chino busca fomentar la integración económica regional en Asia que sea beneficiosa para China y las empresas chinas a través de la RCEP y otras iniciativas.

De acuerdo con un análisis del Congreso estadounidense, otros observadores afirman que la Administración Obama, de la cual Biden formó parte, utilizó de manera similar el Tratado de Asociación Transpacífico (TPP, en esencia el TIPAT, pero firmado por Estados Unidos, del cual después se salió) para establecer un entorno regional de comercio e inversión que sea beneficioso para las empresas estadounidenses y reforzar el papel de liderazgo de Estados Unidos en los asuntos regionales.

Algunos académicos ven a la RCEP y al TIPAT como complementarios creando una forma de “liberalización competitiva”. Otros, sin embargo, ven a los dos como parte de lo que algunos analistas llaman el "plato de fideos" de los acuerdos comerciales en la región. Según este punto de vista, la RCEP y el TIPAT agregarían más complejidad para las empresas que buscan comerciar o invertir en la región de Asia y el Pacífico, ya que tratan de determinar la mejor manera de realizar negocios dados los acuerdos comerciales interrelacionados y, a veces, superpuestos.

roberto.morales@eleconomista.mx