El gasto público creció en los primeros siete meses del año, pero no fue asignado a los rubros de mayor urgencia ni respondiendo a las necesidades de la pandemia por el Covid-19, “lo que revelaría la utilización del gasto con fines clientelares y electorales”, afirmó el sector empresarial.

“Mientras que los ingresos del sector público continúan debilitándose y su gasto sigue creciendo, es natural que el resultado sea un mayor endeudamiento del sector público”, dijo el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP).

Y es que de acuerdo con las cifras de la Secretaría de Hacienda, al cierre de julio el saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público (SHRFSP), esto es deuda pública, ascendió a 12,025.9 millones de pesos, cifra superior en 1,486 millones de pesos respecto a la cifra del cierre del 2019. Esto representa un aumento de casi 7 puntos del PIB en lo que va del año.

“El gasto público continúa creciendo significativamente como porcentaje del PIB pero no en lo que es urgente. El gasto en salud es prácticamente igual al ejercido el año pasado, no obstante la pandemia (…) La asignación del gasto responde a las prioridades del gobierno previas a la pandemia, no a las necesidades que emergen de la misma”, consideró el organismo privado.

A decir del CEESP, la deuda pública como proporción del PIB crece, de modo que para evitar una crisis financiera más adelante se requiere un plan de recuperación sólido y creíble para hacerla sostenible.

El organismo aglutinado en el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) mencionó que más allá de que los ingresos no fueron suficientes para cubrir los gastos, se tuvo que acudir a financiamiento, esto es nueva deuda para pagar los intereses de la deuda vigente, como reflejo de la debilidad de las fuentes de ingresos.

Los analistas del sector privado expresaron que si bien esto no ha representado mayor disponibilidad de recursos, toda vez que el aumento de la deuda se explica principalmente por los efectos en su valuación ocasionados por la depreciación del tipo de cambio y por el desplome de la actividad económica, los recursos de los que sí se pudo disponer no parecen haber significado un impulso a las finanzas públicas.

Argumentaron que un endeudamiento moderado, destinado a mitigar los efectos de la pandemia y a un programa sólido enfocado a la recuperación sostenida de la economía, acompañado además de un plan creíble de hacer la deuda sostenible en el mediano plazo, sería deseable y bien visto por mercados y calificadoras.

Por tanto, el CEESP refirió que el reto inmediato es el nuevo nivel de deuda pública con relación al PIB, de 55.4% en julio de este año, equivalente a 10.6 puntos porcentuales mayor al del cierre de 2019, el cual no genere dudas de sostenibilidad que podrían fácilmente desembocar en fuertes dificultades para mantener la estabilidad macroeconómica.