En diálogo con El Cronista en Berlín, Stefan Kapferer, director del Consejo Ejecutivo de la Asociación Federal de Energía y Gestión del Agua de Alemania —una cámara que agrupa a 1,800 empresas energéticas del país—, contó que Alemania piensa construir dos plantas de regasificación para importar gas natural licuado (GNL).

Escuchará en los próximos años ofertas de varios países que puedan proveer el fluido, entre ellos Argentina, por el gas que pueda producir en Vaca Muerta.

“Lo que finalmente importa es el precio del gas en boca de pozo”, avisó Kapferer, ya que Alemania puede asimilar los costos de transporte y regasificación.

En la carrera por ofrecer GNL a Alemania se anotan Estados Unidos, Rusia y Qatar, pero en la próxima década se podría sumar Argentina, una vez que construya una planta para licuar el gas (bajar la temperatura a 161° bajo cero para comprimirlo y permitir su transporte en barco).

La planta para exportar es una obra que costaría casi 5,000 millones de dólares y la podría costear la petrolera estatal YPF junto a otros socios, para darle salida al excedente de gas que se produce en Vaca Muerta.

En tren de garantizar su seguridad energética, Alemania busca diversificar su matriz, yendo casi exclusivamente a las energías renovables y, mientras tanto, usará el gas como puente desde el carbón, que va perdiendo su lugar.

Por eso quiere tener varios proveedores de gas y no depender exclusivamente de Rusia.

En la actualidad, los 83 millones de alemanes consumen unos 90,000 millones de metros cúbicos (m3/d) al año, unos 246 m3/d al día, que es más del doble de lo que se consume en verano en Argentina.

Sin embargo, la geopolítica juega su lugar. Es así como los germanos no están dispuestos a que nadie quiera marcarles la cancha y dominar su política energética.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, presiona para que Alemania construya plantas para regasificar GNL. “Alemania debe resistir la presión de Estados Unidos sobre la política energética”, sostienen en Berlín.

El plan de descarbonización de la economía alemana (de 38% actualmente a 0% de la matriz en el 2040), para contribuir a mitigar los efectos del cambio climático y su giro hacia las energías renovables (que deben representar al menos 65% de la matriz en el 2030 y ahora están en 38%), trajo aparejado un aumento en el costo energético.

Según admitieron en Berlín fuentes consultadas por El Cronista, el cambio a las renovables, en especial la energía eólica (brotan los aerogeneradores en los campos cercanos a la capital de Alemania), elevó el costo medio de la electricidad hasta 30 centavos de euro por kilovatio hora (KWh), unos 0.35 dólares o 350 dólares por megavatio hora (/MWh), lo que es cuatro o hasta cinco veces más caro que en Argentina.

Esto representa un escenario para atender en el país, ya que Argentina tiene en sus planes que para el 2025 20% de la matriz eléctrica dependa de las renovables.