La administración de Donald Trump en materia energética seguirá muy probablemente la ortodoxia republicana y el discurso populista para la población de su país enfocados en el incremento de la producción y exportación de derivados fósiles, aunque el entorno no le será tan fácil dadas las presiones hacia una agenda ambientalista que durante la última década ha impulsado en el vecino del norte.

De acuerdo con el análisis de Hogan Lovells, la presidencia de Trump estimulará cambios significativos a la política ya la regulación de la energía de los Estados Unidos, muchos de los cuales contradicen claramente posiciones que la administración de Obama ha tomado. Si bien algunos de los cambios anticipados pueden implementarse rápidamente, la mayoría requerirá considerable esfuerzo y colaboración, y es improbable que otros se implementen en absoluto .

El despacho jurídico resalta el hecho de que la Cámara de Representantes y el Senado estén en manos del Partido Republicano, que brinda una oportunidad para legislaciones que afectan la política y la regulación energéticas. Sin embargo, no está claro hasta qué punto el Congreso aceptará la agenda energética del nuevo presidente.

En tanto, la promoción y desarrollo de una agenda de incremento a la producción doméstica y las exportaciones de energía pueden ser el eje de la nueva administración estadounidense. Por lo tanto, es razonable esperar que su administración promueva cambios en las leyes, reglamentos y políticas ambientales que podrían facilitar el desarrollo, transporte y exportación de carbón, petróleo, gas y otros productos derivados del petróleo .

Entre los proyectos que podrían destacar en su agenda están: reiniciar el sistema regional norteamericano de ductos Keystone Pipeline que correrá desde Alberta, Canadá, hasta Texas, mismo que la administración actual vetó; promover el oleoducto de acceso al estado de Dakota; abrir o facilitar el camino para el aumento de la exploración y la producción en el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico, otras tierras públicas y proyectos de petróleo y gas en alta mar para la exploración con el fin de reforzar la independencia energética de Estados Unidos y competir con Oriente Medio.

También se prevé que promoverá el incremento de las actividades de fractura hidráulica mediante modificaciones a normas de petróleo y gas aplicables al desarrollo de minerales tribales y federales, levantará la moratoria sobre el arrendamiento federal del carbón y facilitará en general las mejoras de infraestructura para promover la producción de energía.

Para ello, se previene que buscará echar atrás el Plan de Energía Limpia de sus antecesores, para lo cual deberá enfrentarse con la Corte que si bien ha sentado precedentes sobre la defensa ambiental, también cuenta con vacíos regulatorios y falta de homologaciones a nivel federal y local que bien podrían beneficiar los potenciales planes del nuevo presidente.

kgarcia@eleconomista.com.mx

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