Los datos económicos publicados recientemente en Estados Unidos han sido más que decepcionantes. La información muestra de manera categórica una desaceleración de la actividad económica en casi todos sus frentes.

Además de los deprimentes datos relacionados con el sector inmobiliario y la afectación que tuvo la trayectoria de consumo por los elevados precios de la gasolina, ahora vemos un freno importante en el sector industrial.

Varias encuestas de corte regional habían mostrado descensos importantes en sus indicadores de abril; sin embargo, el día de ayer el Índice de Percepción de Gerentes de Compras de la industria (conocido como ISM por su sigla en inglés), presentó un ajuste considerablemente abrupto en el dato correspondiente a mayo.

Este indicador tiene una relevancia grande en cuanto a sensibilizar el desempeño de la economía.

Es uno de las principales referencias de las autoridades y los analistas para establecer el tono de fortaleza de la actividad económica. Tradicionalmente, un nivel de este índice por encima de 50 implica una economía en expansión.

Pues bien, cuando los analistas esperaban un descenso de niveles de 60.4 registrado en abril a 57.1 para mayo, el resultado fue de: ¡53.5!

Esto implica que el sector industrial crece a un ritmo mucho menor del que se pensaba. Si bien la baja refleja en parte la interrupción de la producción del sector automotriz por los eventos sucedidos en Japón, la profundidad de la caída refleja una situación más generalizada de debilidad.

Por su parte, la información sobre el empleo tiene características similares. Los resultados de la encuesta de la agencia privada ADP sobre la generación de empleos en mayo muestran una adición de sólo 38,000 plazas contra una expectativa de 175,000.

Esto no es un buen augurio para el dato de crecimiento de la nómina no agrícola que se publicará este viernes. Otro dato que impacta también significativamente la percepción de los agentes.

Ante estos hechos, los inversionistas se preguntan si la Fed mantendrá la idea de comenzar a retirar estímulos al finalizar el programa de recompra de bonos conocido como Quantitative Easing (QE) o se verá obligada a renovar su política de expansión a través de acciones de relajamiento adicionales.

El verano pasado la Fed aplicó la segunda fase del QE cuando se presentó una ralentización de la actividad económica. En aquella ocasión, la información sobre la inflación era diferente, ya que ésta bajaba y amenazaba con ser negativa; es decir, deflación.

Hoy, la caída en el ISM es más fuerte; no obstante, la ubicación de la inflación es otra.

Entre sí son peras o manzanas. Los mercados han comenzado a actuar, descontando que algo tendrá que hacer el banco central estadounidense.

El dólar se volvió a debilitar contra la mayoría de las monedas y los commodities han tenido un pequeño resurgimiento, en especial los precios del oro y la plata.

Más significativa aún ha sido la baja de las tasas de interés de los bonos del tesoro de largo plazo. La correspondiente al bono a 10 años descendió por debajo de 3% el día de ayer, algo que no hacía desde hace un año.

Honestamente, no creemos que la Fed aplique un nuevo programa de recompra de bonos, a sabiendas de que ello le generaría fuertes críticas y acentuaría las alzas en precios de activos como las bolsas y los commodities.

Lo mejor que podría pasar es que no cambiara su discurso y mostrara una visión de que la baja en el crecimiento es temporal. Mientras eso sucede, los mercados seguirán padeciendo. Como ya dijimos: el verano no será favorable.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Análisis de Invex. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo: [email protected]