El sistema de representación mantenido por el Fondo Monetario Internacional (FMI) hasta ahora refleja la geografía económica resultante tras la II Guerra Mundial.

Es decir, no expresa la mayor participación que hoy tienen las economías emergentes en el desempeño global, que, por citar un ejemplo, movieron 45% del flujo comercial en el 2010, contra 30% que participó en 1995, tal como lo cita el Banco Mundial.

Estos desequilibrios de poder están perfectamente representados en la forma en que toma decisiones el FMI, pues su democracia supone que se consensuan las resoluciones de financiamiento a países en problemas en una votación de los 187 países miembros.

Sin embargo, no todos los votos valen igual. Cuando Estados Unidos levanta el pulgar tiene el mayor peso en las resoluciones, ya que su voto vale 17.41% del total, mientras el de China vale 6.39% o el de México, 5.05%, consensuado con el de otros ocho países.

Este poder de voto es determinado, según una fórmula que corresponde a la capacidad de pago de cuota al FMI y el tamaño relativo de la economía.

La cuota es la principal fuente de recursos financieros para el organismo y determina el tope de los compromisos financieros de un país frente al FMI, es decir, su capacidad financiera.

A cada país miembro del Fondo se le asigna una cuota que se basa en su tamaño relativo en la economía mundial.

Impacto en sucesión

El Convenio Constitutivo del Fondo establece solamente que el encargado de elegir al Director Gerente es el Directorio Ejecutivo, integrado por 24 representantes de los países miembros.

Estos 24 representantes agrupan a los 187 países miembros y sólo unos cuantos ocupan una silla por país. Se trata de Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Reino Unido, China, Arabia Saudita y Rusia. Los demás países están agrupados en otras 16 sillas y su voto tiene que ir consensuado con los representantes de otras latitudes.

Para postular a un candidato a suceder al Director Gerente, tiene mayor posibilidad de ganar el que recibe el apoyo de los países con mayor poder de voto. El hecho de haberse convertido en el organismo internacional con mayor representación de países en el globo provocó rupturas ante la demanda de mayor participación de los otros tres continentes.

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