El gobierno venezolano y la oposición abrieron la posibilidad de acercar posturas para afrontar la crisis. Pero el choque de dos modelos diametralmente opuestos desafía esos intentos, mientras la situación pone en aprietos a la población.

Al presentar su informe anual de gestión el viernes pasado, el presidente Nicolás Maduro llamó al diálogo y pidió el apoyo de la mayoría opositora en el parlamento para aprobar un decreto de "emergencia económica" a fin de afrontar una crisis económica que calificó de "catastrófica".

El presidente del legislativo, Henry Ramos Allup, le aseguró que la bancada opositora está dispuesta al diálogo y que estudiara el decreto con atención, pero le recordó que la Asamblea Nacional es "un poder nacional autónomo que va a legislar, debatir y controlar".

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Para el analista político de la Universidad Central de Venezuela, Héctor Briceño, este acercamiento inédito en 17 años de gobierno chavista "abre las puertas para que se restablezca una mínima institucionalidad democrática", al propiciar "cierta normalización de las relaciones basada en el reconocimiento entre las partes".

En su discurso, Maduro aseguró que el país está en un "laberinto económico", en una "tormenta" en la que están "confrontados dos modelos", el "socialista" y el "neoliberal".

Insistió en que la crisis se debe a una "guerra económica" emprendida por el sector privado para profundizar el desabastecimiento y acusó a la oposición de querer aprobar una ley de privatización y anticipó que no lo permitirá.

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En contraparte, Ramos aseguró que "las consecuencias económicas son cada día peores porque el modelo (socialista) está equivocado".

La mayoría opositora en el parlamento se propone dictar o reformar leyes para enfrentar la escasez de alimentos que provoca largas filas en los supermercados, así como incentivar la productividad, revertir las expropiaciones, ajustar los salarios al elevado costo de vida y eliminar los monopolios en la prestación de servicios públicos, entre otras medidas.

El jefe de la bancada opositora, Julio Borges, afirmó el viernes que si Maduro no "cambia de rumbo", será necesario "liderar al país para cambiar al Gobierno".

"Lo demás es paja"

Por primera vez en más de un año, el Banco Central divulgó este viernes índices que confirman la gravedad de la crisis: una inflación de 108.7% y una contracción económica de 4.5% de enero a septiembre del 2015.

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Frente a una caída superior a 70% del ingreso de divisas en poco más de un año por el desplome del precio del petróleo -fuente de 96% de divisas-, Maduro propone en el decreto disponer de bienes del sector privado para garantizar el abastecimiento de productos básicos y limitar el ingreso y salida de moneda local en efectivo.

El analista Luis Vicente León, presidente de la consultora Datanálisis, deplora que Maduro insista en profundizar "el control extremo" del Estado sobre la economía y pida poderes especiales para "sustituir la ley habilitante que ahora no puede obtener".

En el decreto "no hay una sola palabra, propuesta o acción, que permita imaginarse que el país recuperará la confianza de los consumidores e inversionistas, sin la cual, todo lo demás es paja (habladuría)", alertó.

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