Un efectivo de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) dijo que, aunque el paso vehicular por la Aduana Ecológica se levanta a las 6:30 AM, los buses comienzan a llegar las 4:00 AM. En todo caso, los autobuses, las busetas y las camionetas tipo panel de placas venezolanas no pueden ingresar hacia Brasil, así que dejan sus pasajeros en territorio venezolano, en la alcabala vieja o en las instalaciones del Seniat y estos caminan alrededor de dos kilómetros hacia la calle Suapi.

La Suapí es la zona comercial de Pacaraima, una vía de no más de 400 metros por lado en donde los viajeros venezolanos se abastecen, desde comienzos de junio, de arroz, aceite comestible, harina de trigo, margarina, pasta, jabones. Al amanecer, esta calle, usualmente solitaria, parece tierra arrasada.

Los clientes proceden, por lo general, de Puerto Ordaz y San Félix; viajan durante toda la noche, recorriendo 800 kilómetros a través de cinco de los municipios del extensísimo estado Bolívar; atravesando incluso la majestuosa Gran Sabana.

Al despertar, si es que duermen, hacen sus compras en reales o su equivalente en bolívares. Sin embargo, aseguran que viajan porque consiguen qué comer y porque, a pesar del cambio, los precios son más accesibles. A finales de julio, el canje de un real brasilero se calcula en 350 bolívares. Hace un mes, cuando se disparó la movida, el cambio llegó a 500 bolívares por cada real y muchos volvieron sin nada.

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Daniel Valdez, albañil, relató que el de este jueves fue su segundo viaje a la frontera. El primero lo hizo hace 21 días. Pidió el día de trabajo, con el compromiso de que se reincorporaría el viernes a las ocho de la mañana.

Vive en San Félix, es padre de dos hijos, viaja en un autobsús de Expresos Occidente durante toda la noche. El pasaje le cuesta 8,000 bolívares ida y vuelta, con los gastos de movilización desde y hacia el Terminal de Santa Elena y una comida en Las Claritas, Kilómetro 88, calcula que gasta 20,000 bolívares.

Compro para mí consumo y para mi familia porque actualmente en Guayana no hay ni agua. Aquí compré una paca de arroz (30 kilos) en 35,000 y una de harina de trigo (10 kilos) en 17,000. Pa’ el espagueti (30,000 bolívares por 30) no me alcanzó .

En la semana, yo gano 25 mil bolos. No me da ni para comprar allá tres espaguetis, dos harinas de maíz, una de trigo y los aliños y no puedo pedir prestado porque ya le debo a todo el mundo. Quité prestado para venir .

Jennifer Racero, enfermera y madre de cuatro hijos, alquiló con un grupo con un micro desde San Félix hasta la alcabala vieja. Cada uno pagó 21,000 bolívares.

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Vendo un poquito y un poquito para la familia (…) Eso allá está horrible, demasiado (…) El viaje es horrible de matador, no paran ni para comer, ni para tomar un baño (…) No tengo trabajo y el sueldo de una clínica no da para nada .

El renacer de Pacaraima

Desde que se aceleró la caída del bolívar, en torno al 2005, el comercio de Pacaraima, antes próspero por sus ventas de sandalias de goma, chocolates, hamacas y calabresas se vino abajo. Paradójicamente, ante el desabastecimiento venezolano, los locales de la Suapi experimentan ahora una inusitada bonanza.

Rogelio Aragao, propietario del Comercial Amazonia, relató que las personas están viniendo desde más lejos porque allá no tienen y cuando tienen los precios son más caros que en La Línea (…) Yo estaba con saudade (nostalgia) de ellos, desde la época en que el bolívar era más valorizado , expresó.

El renacer del comercio del lado brasilero ha devenido en el reacomodo de algunos negocios e inclusive en la mudanza de comerciantes desde Santa Elena hacia Pacarima: de momento, todos venden comida por pacas.

Erick Apolinar tuvo que alquilar un nuevo local, para ofrecer mayor cantidad de víveres al mayor e incluso sacar mercancía a la calle para captar más clientela.

Aquí más que todo vendíamos poquitas cosas, para los brasileros , dijo,

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El Mercabox abrió un galpón aparte para atender a los compradores venezolanos; una de las ventas de hamacas y ropa artesanal, ahora ofrece harina de trigo y aceite comestible (20 litros) en 35,000 bolívares, además de jabón de panela por paquetes y lo propio hace la Casa de las Gorras; Turismo.com oferta algunas pacas de harina de trigo con levadura incorporada; la venta de repuestos para motos Brito cuenta con un inventario de cajas de aceite comestible; el Restaurante Dona Helena también tiene en su frente pacas de comida.

Nasser Barakó quien durante cerca de una década mantuvo una venta de electrodomésticos y electrónica en Santa Elena ahora ofrece arroz, harina de trigo, azúcar (30 kilos) en 38,000 bolívares, pasta y margarina (20 de 250 gramos) en 16,000 bolívares.

Allá hay mucha crisis, no hay nada en Santa Elena , dijo.

Los venezolanos que no disponen de un capital sacan provecho de la ocasión ofreciendo el servicio de taxi (por cada bulto cobran 2,000 bolívares) o vendiendo sacos en 800 bolívares cada uno, como Alexander González.

Mientras que aumenta la llegada de compradores, las autoridades se esfuerzan por establecer ciertas reglas: la Policía Federal Brasilera inició una fase informativa con respecto al uso del cinturón de seguridad.

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Ramón Pérez, un comerciante de origen venezolano, dijo que las cuadrillas ya comenzaron a pintar las aceras, que quienes estacionen en las áreas estrechas recibirán multas en reales, que los camiones sólo podrán descargar entre las seis de la tarde y las seis de la mañana y que la Prefectura de Pacaraima notificó, por escrito, que cada comerciante debe responsabilizarse por la limpieza de su frente.

Pérez se quejó de que, para los habitantes de Pacaraima y de Santa Elena, este nuevo panorama ocasionó el aumento de los precios de los productos y del real brasilero: Hay mucha demanda y los comerciantes los están subiendo .

Este artículo fue publicado originalmente en El Estímulo de Venezuela

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