Ayer, el Banco Central Europeo prestó (emitió) poco más de medio trillón de euros a cerca de 800 bancos de la región. Junto con los préstamos emitidos en diciembre, la inyección de recursos al sistema representa casi el trillón de euros (aproximadamente 1.3 trillones de dólares).

No podemos argumentar que estas acciones hayan sido erróneas. Aunque su objetivo primario de prevenir un corto en el circuito de crédito europeo se cumplió, también ha servido para eliminar presión en los mercados de deuda soberana.

La grave situación de contracción de préstamos y escepticismo con relación a los fuertes vencimientos de deuda que enfrentaban algunos países parece haberse diluido.

Ahora bien, la sensación de alivio no representa necesariamente una mejor expectativa para una economía como la Europea que se encuentra en medio de una contracción. Falta ver si toda esta cantidad de recursos será canalizada a los sectores productivos a través de un aumento del crédito o volverá a orientarse hacia las inversiones financieras de alto riesgo.

Momentos después del anuncio la respuesta iba más en la segunda dirección. Las bolsas volvían a subir, los precios de los bienes básicos también. Unas horas después, el Presidente de la Fed hizo una comparecencia ante el Congreso en donde mencionó que ante una mejora en variables económicas las autoridades prefieren esperar.

Los mercados que esperaban la señal de mayores acciones de relajación monetaria se vieron decepcionados y revirtieron las ganancias.

Tal parece que los inversionistas a nivel global prestan más atención ahora a la probabilidad de un surtido mayor de dinero por parte de las autoridades hacia los sistemas financieros que a la posibilidad de una economía más fuerte.

El problema es que, hasta ahora, tal monto de recursos no ha permeado a la economía. Tanto en Estados Unidos como en Europa el crecimiento del crédito otorgado a empresas privadas y a familias continúa descendiendo.

Luego entonces, estas medidas han colaborado más a mejorar el sentimiento de los inversionistas y su percepción de las cosas, que a efectivamente mejorarlas. Podríamos caer en la paradoja de que los mercados se entusiasmen más ante datos malos sólo por la esperanza de mayores inyecciones de recursos.

Es fácil pensar que con mucho dinero barato la actividad económica debiera aumentar. No obstante, no debemos olvidar que existen enormes faltantes en muchos sectores, hacia cuya cobertura está destinado este dinero al final.

Mientras esos desajustes no se eliminen con el tiempo, es muy poco probable que las inyecciones de dinero sirvan para otra cosa que para tranquilizar a los mercados; lejos estamos aún de que el crecimiento vuelva a entrar en una etapa de auge.

A lo largo de los últimos meses se han puesto de moda los conceptos de risk-on (toma de riesgo) y risk-off (baja de riesgo) para describir los movimientos tácticos de los inversionistas.

Si hay una percepción de mejora generada por mayores inyecciones de dinero se activa la toma de riesgo, los activos como las acciones, los commodities o los mercados emergentes suben.

Para cualquier asesor o inversionista resulta muy difícil ver pasar los rendimientos positivos. Por ello coinciden las posturas de que hay que estar en el mercado mientras las autoridades lo surtan de tanto dinero barato. Por ahora tienen razón.

Pero la inversión secular no puede aparentar que la economía no importa y, sin tal sostén, basta cualquier tropezón para revertir de manera rápida las ganancias. Piense en eso ahora que los mercados están de buenas.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de Invex. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo: [email protected]

Twitter: @invexbanco.