Es difícil no preguntarse: ¿el mercado de valores nos está diciendo algo? Es cierto que el pronóstico del mercado en temas de recesión es terrible.

¿Estamos por experimentar la próxima recesión? Las acciones a menudo se mueven de acuerdo a caprichos o modas pasajeras, pero sólo porque el mercado esté mal la mayor parte del tiempo no quiere decir que esté mal todo el tiempo.

¿Podría ser la turbulencia de la primera semana de enero un indicio de que esta vez va en serio? Al cierre del viernes 8 de enero, las acciones cayeron 6% en la primera semana del 2016, una pérdida de 1,500 billones de dólares, según Wilshire Associates.

La ola de ventas se originó en China con un informe más débil de lo esperado en la actividad manufacturera. Esto provocó una fuerte caída de las acciones chinas, que se extendió a los mercados estadounidenses y europeos.

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Detrás de esta reacción en cadena, hay una enorme transferencia de poder económico de las economías avanzadas (principalmente de América del Norte, Europa y Japón) a las naciones de los mercados emergentes (Brasil, Rusia, India y China conocidos como BRIC y países similares, como Indonesia). Ahora eclipsan las economías avanzadas.

Hay que tener en cuenta: en la década de 1980, los países de mercados emergentes, además de los países en desarrollo pobres, representaban 36% de la economía mundial, informó Maury Obstfeld, economista en jefe del Fondo Monetario Internacional. Ahora su cuota es de aproximadamente 56% del PIB mundial. No hay nada inherentemente malo en esto. De hecho, el crecimiento más rápido de estas economías en el pasado explica por qué su participación en el PIB mundial ha aumentado.

El problema es que su crecimiento se está desacelerando. De los países del BRIC, sólo India ha sostenido su crecimiento rápido. Brasil y Rusia están en recesión, y la expansión de China está en la mira. Por otra parte, varios problemas amortiguan las perspectivas de crecimiento futuro, dice el economista Hung Tran, del Institute of International Finance.

Uno de ellos es el alto nivel de deuda. Muchas economías emergentes escaparon a lo peor de la crisis financiera del 2008, debido a que sus bancos hicieron grandes préstamos y sus negocios pidieron prestado. Desde el 2008 y hasta mediados del 2015, la deuda de las empresas en estos países, incluyendo bonos, explotó de 8,900 billones a 24.5 billones de dólares, informa Tran.

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China jugó gran parte en esta cancha. En algunos países (Tailandia o Corea del Sur), los créditos de consumo también aumentaron. El resultado: los prestatarios necesitan ahora conservar el dinero en efectivo para mantener sus préstamos.

El otro problema es el legado del auge de las materias primas aceite, granos, metales.

De 1999 al 2011, los índices de precios de los productos básicos aumentaron 80%, dice Tran, en la falsa suposición de que China tenía un apetito casi ilimitado de materias primas. No fue así. La burbuja de China estalló. Los índices de precios han caído desde su máximo en 50 por ciento.

El suministro empequeñece la demanda; nuevas inversiones han sido canceladas. Los precios que se derrumban han devastado a los exportadores de productos básicos, dirigidos por los productores de petróleo. Los commodities representan 45% de las exportaciones, tanto de Brasil (mineral de hierro, soya, azúcar) como de Malasia (petróleo, cobre). La burbuja China ha estallado.

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Para compensar esto, China podría estar devaluando su moneda el yuan para mejorar la competitividad de sus exportaciones. En los países avanzados, el crecimiento parece estar atascado entre 1 y 2% al año.

Con tanta debilidad, la economía mundial es vulnerable a eventos (por ejemplo, la bomba de Corea del Norte) que reducen la confianza. Cualquier descenso subsiguiente en los negocios o el gasto del consumidor nos puede sumir en la recesión. También se teme que China esté devaluando su moneda para mejorar la competitividad de sus exportaciones.

También existen los escépticos. El economista Mark Zandi, de Moody’s Analytics, afirma que las amenazas de los países de mercados emergentes a Estados Unidos son exageradas.

La fortaleza subyacente de la economía es el mercado de trabajo , dice Zandi. Estamos cerca del empleo pleno. Muy poco del mercado de trabajo está conectado al resto del mundo a través del comercio ; sin embargo, incluso a Zandi le preocupa que una caída significativa en el precio de las acciones podría desmoralizar a los inversores ricos y de clase media alta, que son los mayores compradores y propietarios de acciones.

Las grandes pérdidas podrían causar un efecto riqueza negativo: cuando las personas se sienten más pobres, gastan menos (del mismo modo que cuando se sienten más ricas, gastan más).

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Un estudio reciente de Zandi y sus colegas encontró que, en años recientes, el efecto riqueza podía llegar a 12 centavos. Eso sería ampliar considerablemente el impacto de una disminución importante del mercado.

A la pregunta crucial: ¿predice el mercado una recesión? Todavía no existe una respuesta concluyente. Cuánto se desacelerará China y cómo responderá el mundo son preguntas abiertas. Pase lo que pase, no se trata del ciclo económico de nuestros padres.

Robert J. Samuelson escribe una columna semanal sobre economía para The Washington Post.

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