La calificadora Standard and Poor's (S&P) acercó este jueves a la deuda soberana de Brasil al terreno especulativo al volver a rebajar su calificación a BB-.

S&P dijo que a pesar de "varios avances políticos" del gobierno del presidente Michel Temer, "Brasil hizo menos progresos de lo esperado para aplicar una legislación significativa" dirigida a corregir su déficit fiscal estructural.

La calificación BB- es el escalón precedente a la categoría considerada como "muy especulativa".

Brasil tenía hasta 2015 el llamado "grado de inversión", calificación que daba máximas garantías a los mercados y permitía al país obtener préstamos a tasas más bajas.

Ese grado de inversión otorgado por las calificadoras S&P, Moody's y Fitch lo fue perdiendo en medio de una recesión sin precedentes y el descubrimiento de una gigantesca maquinaria de corrupción en el Estado.

En su nota de este jueves S&P advirtió que a los problemas económicos estructurales del país, se suma ahora la incertidumbre que genera la elección presidencial de octubre.

La agencia mantuvo la deuda brasileña de corto plazo en la categoría B.

S&P indicó que la posibilidad de que la calificación de Brasil mejore o empeore el año próximo es de "menos de una en tres".

Capital político

Tras la decisión de S&P, Brasil dijo que insistirá en conseguir la aprobación de reformas que considera cruciales para el crecimiento de la mayor economía latinoamericana y para equilibrar las cuentas públicas, según una nota del ministerio de Hacienda.

El gobierno lanzó una ofensiva para recortar el costoso sistema de jubilaciones, que no ha encontrado suficiente apoyo entre los legisladores, preocupados por sus posibilidades de reelección en octubre próximo.

El ahorro previsto con la reforma es de unos 500.000 millones de reales en diez años (unos 156.000 millones de dólares al cambio actual).

Para la calificadora, Brasil tiene fortalezas comparativas externas y monetarias que pueden mitigar sus significativas debilidades fiscales. Pero añade que también su economía tiene hoy perspectivas de crecimiento "menores a las de sus pares" y "se ha debilitado" la capacidad política del gobierno.

S&P advirtió sobre la "falta de apoyo" de los políticos brasileños a medidas fiscales más enérgicas. Se mostró pesimista también en cuanto a que el gobierno que sea electo este año tenga "significativo capital político" como para aprobar reformas.

"Mientras que la economía se ha estabilizado, vemos un lento crecimiento y debilidades fiscales como importantes limitaciones", dijo la S&P.

Un informe de la Cepal, estimó que Brasil crecerá 2% este año. Si bien esa tasa no es espectacular, es, por lejos, mucho mejor del crecimiento de 0,2% estimado para 2017 luego de la peor recesión de su historia. En 2015 el PIB cayó 3,8% y en 2016 se contrajo 3,6%.

Las propias proyecciones del gobierno son algo más optimistas: espera haber crecido 1,1% en 2017 y proyecta 3% para 2018.

Temer es un presidente impopular y el panorama político para las elecciones de octubre se vislumbra como muy complejo.

Los principales aspirantes a suceder a Temer hasta ahora son el expresidente izquierdista Luiz Inacio Lula da Silva (2003-2010) y el ultraderechista Jair Bolsonaro. Ninguno de los dos goza de la preferencia de los inversores.

La calificación de S&P llega apenas un día después de que el presidente Temer elogiase la gestión y los resultados de su política económica luego de que los balances de 2017 en materia de inflación, producción y desempleo, entre otros, cerrarán con saldos positivos.

Temer, que asumió el poder en 2016 tras el impeachment a la presidenta izquierdista Dilma Rousseff enfrentó un 2017 agitado, con dos denuncias por corrupción -archivadas por el Congreso- y arduas negociaciones con los legisladores para aprobar las impopulares medidas de su plan de ajuste fiscal.