La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, anunció un ambicioso conjunto de medidas para incentivo al sector industrial, duramente castigado por la crisis internacional, con el fin de garantizar que el país alcance este año un crecimiento económico del 4.5 por ciento.

Entre las medidas, con un costo fiscal de cerca de 10,990 millones de dólares, destacan la exención de impuestos sobre las nóminas salariales para los sectores más afectados, la reducción de los tributos para inversiones en infraestructura y el aumento del crédito.

El gobierno también anunció medidas para frenar la apreciación del real frente al dólar, lo que ha afectado la competitividad de los productos brasileños en el exterior, y para darle preferencia a la industria nacional en las compras gubernamentales.

Rousseff anunció normas específicas para incentivar el sector de informática y la industria automotriz. Estos sectores contarán a partir de enero próximo con un nuevo régimen que dará beneficios a los fabricantes de automóviles que inviertan en innovación y que cuenten con el mayor número de piezas de procedencia nacional.

"La mejor herramienta para enfrentar la crisis no son las medidas restrictivas que agravan la recesión y el desempleo. Brasil ha demostrado que es posible conciliar el corte de gastos y el crecimiento económico, y es lo que estamos haciendo. Mantendremos nuestra meta de superávit fiscal sin perjudicar el crecimiento de la industria", dijo.

Según la mandataria, Brasil tiene que aprovechar su propio mercado interno, que es grande, creciente y atrae a numerosos países, para incentivar la producción nacional como mejor herramienta para combatir la actual coyuntura negativa.

"Queremos competir en el comercio exterior pero en condiciones justas y equilibradas, y para ello necesitamos aumentar la competitividad y reducir los costos", agregó.

Con estas medidas, Brasil "tendrá la reducción de producción necesaria y la competitividad para crecer 4.5% este año y seguir esa trayectoria en los próximos años", dijo el ministro de Hacienda, Guido Mantega.

El crecimiento de la economía brasileña se desaceleró desde 7.5% en el 2010 hasta 2.7% en el 2011, como consecuencia, entre otros factores, del mal desempeño de la industria, cuya producción sólo creció 1.6% el año pasado tras haberse expandido 10.5% en el 2010.

COMPETENCIA FEROZ

Según Mantega, las medidas para reducir el costo de producción de las fábricas y elevar la competitividad de la industria nacional en el exterior son necesarias en un año en que la crisis internacional persistirá y afectará nuevamente al sector.

En el 2012 hasta China sufren con una reducción en su producción industrial. Ante esa situación tenemos que prepararnos para enfrentar una competencia cada vez más feroz de países que venden sus productos por debajo del precio de costo, dan subsidios, devalúan sus monedas y reducen los salarios", aseguró.

La medida más ambiciosa entre las anunciadas es la que exime provisionalmente del pago de impuestos sobre la nómina (20%) a 15 sectores afectados por la crisis y que utilizan mano de obra intensiva, como los de textiles, confecciones, muebles, plásticos, piezas de automóvil, bienes de capital y autobuses.

Esta exención, destinada a reducir los costos laborales de las empresas, será compensada con el cobro de un impuesto mínimo (entre 1 y 2%) sobre la facturación, sin incluir las exportaciones.

Las normas del nuevo régimen automotor, según Mantega, tienen el objetivo de garantizar que los fabricantes nacionales puedan abastecer totalmente el mercado nacional, actualmente el tercero mayor de automóviles en el mundo.

"El nuevo régimen automotor entrará en vigor en enero del 2013 e incluirá incentivos tributarios y reglas de transición diferenciadas para atraer inversiones", explicó.

Contenido de la Red Iberoamericana de Prensa Económica