Jerome Powell se encamina esta semana a su primera alza de tasas de interés como presidente de la Reserva Federal (Fed) con un tema no resuelto que prevalece sobre otros: ¿podría su optimismo sobre la economía estadounidense llevar a más aumentos de los costos de endeudamiento de los que los mercados pueden afrontar?

Los comentarios públicos de Powell sugieren que muchos temores son exagerados: Powell, constructor de consensos, puede hacer algunos ajustes para reflejar el cambio económico, pero está tan comprometido con alzas de tasas moderadas y graduales como su predecesora, Janet Yellen.

La preocupación acuciante del nuevo presidente será mantener una de las recuperaciones más largas durante el mayor tiempo posible, según conversaciones con altos cargos de la Fed y analistas. Pero dadas las muestras de que el potencial de la economía se ha fortalecido, eso podría implicar que el ciclo de endurecimiento de la política monetaria se extienda, con tasas que alcanzarían niveles superiores a los que se había pensado.

Powell fue ampliamente considerado como una opción de continuidad cuando fue escogido por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Fue uno de los gobernadores de la Fed durante la transición de los estímulos de la era de la crisis hacia un acercamiento más equilibrado que llevó a tres alzas de tasas el año pasado en respuesta al crecimiento sostenido y la baja del desempleo.

Pero la incertidumbre sobre cómo este abogado y exejecutivo de inversión de 65 años va a capitanear la Fed quedó visible el mes pasado cuando los mercados mundiales bajaron con fuerza tras su primera comparecencia en el Congreso estadounidense.

Los inversionistas se tomaron inicialmente su optimista evaluación de la economía estadounidense como una muestra de que favorecía una senda más agresiva de alzas de tasas que Yellen y que podrían esperarse cuatro alzas de tasas este año en lugar de las tres anteriormente adelantadas por la Fed.

Incluso el conciliador gobernador de la Fed, Lael Brainard, señaló recientemente que “el viento frontal (de la economía) está cambiando a viento de cola”.

Pero una economía más fuerte no necesariamente significa que la Fed abandone su postura balanceada de riesgos para el crecimiento y la estabilidad de precios. En su lugar, podría dar a Powell espacio para equilibrar la inflación al alza, tras más de cinco años por debajo del objetivo, y protegerse del riesgo de unos precios desorbitados cuando se apliquen cortes fiscales de 1.8 billones de dólares y nuevos gastos del gobierno.

Una pista sobre si la Fed ve ahora más margen de acción llegará el miércoles, cuando publique su nueva estimación mediana de la llamada tasa neutral de interés: el nivel que ni estimula ni enfría la economía.

Esta tasa ha caído a 2.75 desde 4% en el 2013. Un alza a un nivel de alrededor de 3% podría indicar que el estímulo fiscal y los recientes datos —como el sólido informe del empleo de febrero— han comenzado a convencer a Powell y a otros de que el ciclo gradual de alzas podría prolongarse otros dos años o más, dando espacio para recortarlos en la próxima recesión.

Se espera que la Fed eleve su tasa a un rango de entre 1.5 y 1.75% al final de la reunión de dos días el miércoles y que también actualice su evaluación de la economía.

Meses de crecimiento mundial sincronizado, algunas señales de que presiones sobre los precios y los temores de que las medidas proteccionistas de Trump podrían llegar a una guerra comercial han alimentado las preocupaciones de la Fed a que la inflación, ahora un poco por debajo de su objetivo de 2%, pueda acelerarse.