“El impacto de la regulación es muy significativo y es el principal factor que ha afectado en la reducción del balance de los bancos”. Las palabras son de Pablo Portugal, directivo de la Asociación para los Mercados Financieros de Europa (AFME), la organización que agrupa a la práctica totalidad de los bancos que operan en los mercados mayoristas y en la que se encuentran Santander y BBVA, y resumen la conclusión fundamental del informe que esta organización ha realizado junto a PwC para analizar el efecto que las medidas adoptadas para prevenir una nueva crisis financiera han tenido en los bancos.

El informe pretende poner datos a lo sucedido en el mundo después de la tormenta. La Comisión Europea y otras autoridades bancarias supranacionales esgrimieron que no puede culparse solo a la regulación de la caída de rentabilidad de las entidades financieras, de la reducción de sus balances o de que hayan desaparecido de algunos negocios. La AFME y PwC dicen lo contrario.

El primer análisis que se realiza con datos ex post de una muestra de bancos, y no con previsiones, señala que las medidas regulatorias han tenido un efecto profundo en la banca y en su actividad en los mercados mayoristas.

El dato más contundente es el que dice que la rentabilidad sobre el capital (ROE) de esta muestra de 13 bancos que se tomaron como representativos del sector ha caído 82%, desde 17% a 3%, entre el 2010 y el 2016 por culpa de la regulación. Y eso, solo tomando en cuenta el impacto en las actividades en los mercados mayoristas, así que aún habría que sumar el negocio minorista. Por supuesto, los bancos no se quedaron de brazos cruzados y apelaron a “medidas mitigadoras” para combatir este desplome, como el desapalancamiento o la reducción de costos, según constata el informe. Con ello, lograron llevar el ROE hasta 11% en el 2016.

Otra de las conclusiones es la que cifra el costo de la regulación en 37,000 millones de dólares (casi 30,000 millones de euros) cada año para los bancos de la muestra, que representan 70% de la actividad en los mercados de capitales y entre los cuales no se seleccionó ningún banco español.

A ese costo habría que sumar también las regulaciones que están por venir, porque la nueva directiva Mifid II o la conocida como ratio de financiación estable neta (NSFR) vienen igualmente con un impacto debajo del brazo para los bancos.

EFECTOS COLATERALES

Pero el efecto de la regulación no se ha sentido solo en el sector financiero. Las empresas también lo han sufrido, según el informe. Los cargos de capital a la actividad de financiación de la banca a través de bonos han hecho que las entidades se retraigan de este negocio, con el consiguiente impacto en los costes corporativos a la hora de levantar fondos.

“El impacto de la regulación puede haber sido desproporcionado en unas áreas de los mercados mayoristas frente a otras”, explica Pablo Portugal. “Según el estudio, una de las áreas más afectadas es el financiamiento a empresas a través de los mercados de capitales, sobre todo para los bonos que tienen menos liquidez, como pueden ser los de pymes. Los incrementos en cargos de capital han llevado a las entidades a salirse de ciertas áreas o a reducir su presencia y eso puede provocar un mayor coste para las empresas que buscan financiamiento”.

Estos cargos de capital especialmente intensos en algunas áreas, según denuncian los redactores del informe, han hecho que el impacto en la actividad de crédito a grandes empresas en los mercados de capitales haya sido superior al que ha habido en el crédito minorista.

El objetivo de la asociación de la banca mayorista del Viejo Continente es poner delante de la Comisión Europea unos datos que les permitan ver la película al completo y no imágenes parciales de cuáles han sido los efectos regulatorios. “Queremos que se examinen en conjunto todas las regulaciones que se han implementado desde la crisis y se analice el impacto global”, añade el directivo de la AFME.

Eso sí, la organización quiere dejar claro que no está en contra de que la banca tenga normas ni de que se intenten prevenir nuevas crisis. “No estamos diciendo que el impacto de la regulación haya sido negativo. Ha sido positivo y ha mejorado la estabilidad y solvencia de la banca. Lo que decimos es que se puede haber ido más allá de lo necesario en algunas áreas y es importante que los reguladores valoren y analicen ese aspecto”.

De cara al futuro, de todas formas, sí hay algunos aspectos concretos que la AFME recomendaría cambiar, sobre todo en lo referente a nuevas regulaciones que están por llegar, como las contenidas en el Paquete de Reducción de Riesgo Bancario, con la ratio NSFR a la cabeza. “Si no se reconsideran algunos aspectos específicos de estas propuestas, el impacto negativo para los usuarios finales de los mercados de capitales sería significativo”, advierte el informe.