Reguladores globales emitieron este lunes sus herramientas finales para terminar con el fenómeno de los bancos demasiado grandes para caer , buscando concluir un periodo de intensa definición de normas luego de la crisis financiera que puso en jaque al sector y perjudicó fuertemente a los contribuyentes.

Mark Carney, presidente del Consejo de Estabilidad Financiera (FSB por su sigla en inglés), que coordina la regulación en el grupo de las 20 economías más desarrolladas del mundo (G20) para salvar las brechas puestas de manifiesto por la crisis financiera del 2007-2009, precisó que muchas de las reformas clave han sido implementadas decisiva y rápidamente.

Como consecuencia, la capacidad de financiamiento de la economía real está siendo reconstruida y se ha evitado un importante recorte de la actividad internacional , detalló Carney en una carta a los líderes del G20 antes de la cumbre que tendrá lugar la semana próxima.

El G20 le encomendó al FSB en el 2009 que introduzca una serie de reformas para incrementar los requerimientos de capital a los bancos, a fin de arrojar luz sobre los mercados de derivados y limitar las primas de los banqueros.

Carney, quien además es gobernador del Banco de Inglaterra, indicó que el comité ahora ha finalizado el desarrollo de las herramientas necesarias para desactivar el fenómeno de los bancos demasiado grandes para caer de una manera ordenada en caso de ser necesario, considerada la última reforma financiera importante derivada de la crisis.

A los líderes del G-20 que se reunirán la semana que viene en Turquía se les pedirá que firmen una reforma que requiere a los 30 bancos más importantes del mundo que emitan un salvaguardas a través de la emisión de bonos al 2019, que puede ser usado para reunir fondos equivalentes a 18% de los activos considerados en riesgo en caso de colapso del prestamista.

El objetivo es no utilizar el dinero de los contribuyentes en la reestructuración de un gran banco. Pero, también, que una quiebra bancaria sea menos probable , añadió Carney.

Lo que se busca es que si un banco grande cae en bancarrota no se genere el tipo de colapso en los mercados financieros como el que se registró después de que Lehman Brothers quebrara en el 2008.

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