La botana, chocolates, cremas de cacahuate, dulces de leche, helados y otro tipo de alimentos no básicos con alta densidad calórica, mejor conocidos como comida chatarra, dejaron al erario público ingresos por 7,602 millones de pesos en el primer trimestre del año.

Ello significó un incremento de 52.2%, en términos reales y respecto del mismo periodo del 2017, de acuerdo con información de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Con éste se obtuvieron mayores ingresos de lo esperado. En el programa de la dependencia, se preveía obtener 5,709 millones de pesos; sin embargo, obtuvieron 2,396 millones de pesos adicionales.

Desde el 2014, se gravó con 8% cada 100 gramos de los alimentos no básicos con alta densidad calórica, cuyo contenido energético sea de 275 kilocalorías.

Adrián García, investigador de ingresos del Centro de Investigación Económica Presupuestaria, comentó que, si bien el objetivo de gravar la comida chatarra era reducir su consumo para combatir los altos niveles de obesidad que se presentan en la población, aún es pronto para medir su impacto en la salud de las personas.

“Es muy pronto para estimar la eficacia de este impuesto, pues se tendría que evaluar qué tanto han reducido realmente los niveles de obesidad en la población”, dijo.

Explicó que, usualmente, cuando se establece un impuesto sobre este tipo de productos, sí puede representar un factor en la reducción de consumo, siempre y cuando venga acompañado de la creación de campañas de concientización.

“Se debió establecer un programa de cuidado a la salud, educación alimenticia e invertir en bebederos de agua potable. Este tipo de medidas puede ayudar a aminorar el problema, porque esos productos tienen una demanda inelástica, es decir, si se incrementa su precio, el consumo tiende a disminuir”, expuso.

Bebidas refrescantes dejan menos al erario

Con respecto a las bebidas saborizadas, como los refrescos y jugos, al primer trimestre del año, el gobierno obtuvo ingresos por 5,709 millones de pesos, lo que significó una reducción de 2.3% anual en términos reales.

Al igual que la comida chatarra, en el 2014, se gravó a las bebidas saborizadas con una cuota de 1 peso por litro.

Marcelo de la Jara, director del Programa de Crecimiento Económico y Mercado Laboral del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), explicó que este tipo de impuestos a la comida chatarra y a los refrescos representó una afectación en los ingresos de las familias más vulnerables, pues una parte de su canasta básica de alimentos proviene de este tipo de productos.

“En general, el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), sin considerar energéticos, se volvió un poco regresivo en el sentido de que la carga fiscal aumentó un poco más para los hogares de los deciles de más bajos ingresos que para los deciles con mayores ingresos de la población”, dijo.

Detalló que, como porcentaje del ingreso de las familias, el IEPS fue un impuesto regresivo. En el decil I pasó de 1% del ingreso a 2.7% y en el decil X pasaba de 2.5 a 0.5% entre el 2015 y el 2016.

Como porcentaje del gasto de las familias, De la Jara señaló que la carga fiscal fue mayor para los deciles más bajos, “en el primer decil, pasó de 0.3% del gasto que tienen las familias a 0.8%, es decir, casi se multiplicó por 3. En el caso del decil X, se multiplicó casi por 1.8 por ciento”.

En general, la recaudación del IEPS, sin considerar el que se cobra a la gasolina y el diesel, tuvo una recaudación por 44,420 millones de pesos, un aumento de 19.8% respecto a lo que se registró en el primer trimestre del 2017.

elizabeth.albarran@eleconomista.mx