Herrera debe hacerse amigo de cámaras y micrófonos

El peso perdió 43 centavos durante la media hora que hubo entre la renuncia de Carlos Urzúa y el anuncio de que Arturo Herrera sería el secretario de Hacienda. A partir de ese momento, el tipo de cambio recuperó 15 centavos y cerró en 19.16. El anuncio de Urzúa pesó 2.16% en el valor de la moneda nacional. El efecto Herrera valió para compensar 0.8% de la pérdida.

La caída pudo ser más profunda, si López Obrador se hubiera demorado en hacer el nombramiento. La situación hubiera sido dramática, si AMLO hubiera optado por alguien con un perfil inadecuado: alguien sin experiencia hacendaria o, de plano, un político con un barniz técnico poco creíble.

La reacción inicial de los mercados implica que se ha concedido el beneficio de la duda a Arturo Herrera. El funcionario comunica bien y tiene una buena relación con los empresarios. Hizo un buen trabajo desde la Subsecretaría y al parecer cuenta con el apoyo del presidente, a pesar de que fue descalificado por él, entre otras cosas, por poner en duda la construcción de la refinería y por expresar su apoyo al cobro del Predial.

¿Qué podemos esperar de Arturo Herrera? Su primer desafío es conseguir el respeto público de Andrés Manuel López Obrador. Como secretario no podría ser descalificado de la misma forma que lo fue cuando era subsecretario. El secretario de Hacienda es el máximo representante de México de cara a los organismos financieros; los mercados, las calificadoras y los grandes tomadores de decisiones. México no puede darse el lujo de que este representante sea desmentido por el presidente. Esto debilitaría al secretario en su capacidad de negociación con los tiburones y se proyectaría como una señal de debilidad, no del secretario, sino del Estado mexicano.

El flamante secretario de Hacienda necesitará también el apoyo pleno del presidente para la discusión interna de los temas económicos en el gabinete. La rivalidad de Urzúa con Alfonso Romo tuvo que ver con cuestiones personales, pero también con un diseño inadecuado de la forma de trabajo, donde hay dos oficinas que compiten para ser “cabeza” del gabinete económico.

Herrera necesitará toda la confianza y el apoyo presidencial para sacar adelante el Plan de Negocios de Pemex. Muchas cosas dependen de que este documento convenza a los mercados, para empezar la calificación de la deuda de Pemex y la nota de la deuda soberana de México. A Arturo Herrera le corresponde conciliar los objetivos de la 4T con los parámetros financieros más exigentes. No será fácil, entre otras cosas porque, en el caso de Pemex, no tiene margen de error y hay muchos cocineros “metiendo la cuchara”. La empresa está sobreendeudada y tiene severos problemas de operación. Un mal plan de negocios de la petrolera o una mala recepción del mismo se traduciría en problemas financieros para México, incluyendo volatilidad en los mercados y presiones fuertes al tipo de cambio.

Arturo Herrera tendrá que asumir como secretario una verdad incómoda para el presidente: la economía se está desacelerando y entregará malas cifras de PIB. Es una tarea difícil, construir una narrativa de la desaceleración que sea aceptable para el mandatario, pero también para la población y los agentes económicos. Es irrelevante si la economía entra en recesión, porque la tasa de crecimiento será muy baja. El reto es encontrar la forma de que la economía crezca de manera sostenible y comunicarlo bien. En ese sentido, Herrera debe hacer lo contrario que Urzúa y hacerse amigo de cámaras y micrófonos.

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