El costo-oportunidad que está pagando México por no haber completado antes las reformas estructurales es que la economía está creciendo a 2% en vez de experimentar una expansión de 7%, admite la directora general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y sherpa ante el G20, Gabriela Ramos.

“Sí es frustrante, porque al fin del día crecer a 7% nos otorgaría un mercado doméstico más sólido para que los factores externos tan negativos no peguen de forma importante. Pero, por otro lado, gracias a que ya tenemos esas reformas, que seguirán dando frutos, México está mucho mejor posicionado para enfrentar el contexto externo sin que le afecte tanto, prueba de ello es la inversión que sigue llegando precisamente al sector energético”, agregó.

Entrevistada por El Economista, en el primer día de trabajo del Foro México OCDE 2018, consignó que, al ver los resultados que han arrojado hasta ahora esta serie de cambios, se puede decir que “nunca es tarde para un proceso de reformas”.

“Si lo ves en retrospectiva, la reforma energética ya dejó 80,0000 millones de dólares en nuevas inversiones (...) cuentas con una creación de empleo récord, reducción de precios de telefonía, un aumento en las suscripciones a servicios digitales y otros beneficios que son intangibles, como la reforma educativa con profesores mejor preparados o el mayor acceso a servicios tecnológicos y, al final, ves que son aspectos positivos”, argumenta.

La funcionaria mexicana dice que la segunda ola de reformas que está sugiriendo la OCDE para México tendría que impulsarse en conjunto, con énfasis en los cambios que generen las instituciones ejecutoras de las reformas, competentes y confiables y que favorezcan la generación de un desarrollo económico y social más uniforme entre los estados del sur y del norte.

Sobre la reforma hacendaria que están proponiendo, admite que debe ser distributiva, defensiva respecto del recorte de tasas impositivas a los corporativos de Estados Unidos y que fortalezca al erario. Pero sin perder de vista que se garantice la transparencia en la ejecución de los recursos y que sea claro que su gasto es para el bien público.

En el reporte “Getting Right 2018” sugieren que se realicen, entre otras reformas, la tributaria. ¿Cómo debe ser? ¿Defensiva contra los recortes de tasas para los inversionistas de Estados Unidos? ¿Distributiva? ¿Recaudatoria?

Todas juntas. La recaudación tributaria de México es su talón de Aquiles. Cuando miras a los países latinoamericanos con sus propios problemas, te das cuenta de la dimensión del rezago. Brasil, por ejemplo, tiene a 30% de su población en la pobreza y México, a 43 por ciento. Pero Brasil recauda 35% del PIB y México 17.4 por ciento. No es que Brasil gaste mejor. También tienen importantes problemas de corrupción, transparencia y eficiencia en el gasto. Pero con esos recursos tiene la capacidad de invertir.

Pero, ¿quién garantiza al contribuyente que el gobierno lo va a gastar en bienes públicos y no en su beneficio personal?

Un Estado que cuenta con recursos sólidos invierte. Trata de potenciar los activos del país para el desarrollo y es un papel que el estado mexicano no ha cumplido a cabalidad por los pocos recursos con que cuenta. Cierto, el tema de cómo gasta es importante, sobre todo que se garantice que también en las regiones del país será un tema a abordar, bajo un marco de rendición de cuentas parejo. Pero aquí lo importante es seguir construyendo una lectura compartida donde la rendición de cuentas y entrega de resultados estimulen, que empresas e individuos paguen lo que tienen que pagar. Esto promovería una mejora en el uso de recursos y favorecería la revaloración del papel del estado como proveedor del marco donde los contribuyentes participan.

¿Cuánto es lo que debería incrementarse la recaudación mexicana?

El promedio de recaudación de la OCDE es de 35% del PIB. La media de América Latina es de 25 por ciento. Si te vas por países, la referencia es Francia, con 45.5% del producto.