Los mensajes mixtos que ha mantenido el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, con miembros de su gabinete sobre las finanzas públicas, además de los desacuerdos y cambios de sus dichos y hechos, no corresponden a las características típicas de confiabilidad y claridad que tienen los emisores calificados con la nota “A3”, como la que tiene el país, reconoce Jaime Reusche, analista soberano para el país en Moody’s.

Por un lado, el presidente hace un comentario. Por el otro, su equipo económico indica lo contrario, y nunca queda clara del todo la posición de México. Esto evidentemente se ha convertido en un factor de presión para la calificación soberana, refiere.

Entrevistado por El Economista, dice que el plan de negocios de la petrolera será determinante para tener un escenario completo sobre el siguiente paso que se dará con respecto a la calificación soberana de México.

Tal vez falta entender cómo será el Plan de negocios, tener una guía más detallada sobre el rescate y apoyo a la petrolera. Pero, sin duda, ya nos estamos acercando —para asumir una decisión. Estamos afinando los modelos y manejando escenarios donde persisten al mismo tiempo los mensajes mixtos de representantes del gobierno y el presidente sobre la dirección de políticas públicas, y el impacto de estas decisiones en las finanzas públicas, en la economía y en Pemex, explica tras divulgar el comentario especial sobre la nota del país.

Sostiene que la decisión presidencial de reorientar el negocio de Pemex a la refinación tendrá un impacto en las finanzas públicas y en el perfil crediticio de México.

Esto será en la medida en que siga minando la confianza del mercado y conduzca a una mayor depresión de las inversiones.

Responsabilidad fiscal

En el comentario especial sobre México como emisor soberano, el analista para el país, junto con el associate managing director para América Latina Mauro Leos refieren su preocupación por el conflicto en que se encuentra el compromiso de responsabilidad fiscal del presidente, por el cumplimiento de su ambiciosa agenda de inversión pública en infraestructura y en sus programas sociales.

Esto en el contexto de menores expectativas de crecimiento económico y en la reversa de la ejecución de la reforma energética.

En la nota destacaron que, en caso de que el proyecto de construcción de la refinería no se complete “debido a su complejidad técnica y la inexperiencia del gobierno para ejecutarlo”, el gasto de recursos públicos sería inferior al estimado por el gobierno, de 8,000 millones de dólares y estaría restringido a montos simbólicos asociados a honorarios de la consultoría y trabajos de preparación .

México no construye una refinería desde los años 70, cuando las tecnologías, procesos y condiciones ambientales eran muy diferentes de los actuales, recuerdan.

Entre las seis refinerías en operación actualmente, la petrolera no ha otorgado una inversión en mantenimiento, lo que les hace dudar del compromiso que pueda tener para levantar una desde cero.

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