El impacto de la economía digital es un tema en boga en Chile. La reforma tributaria, que el gobierno enviará al Congreso en septiembre, establecerá nuevos impuestos para aplicaciones que intermedian o proporcionan servicios en el país, como Uber, Netflix y Spotify, mientras que el martes el ministro de Hacienda, Felipe Larraín, advirtió —con base en cifras de la OCDE— que el cambio tecnológico pondrá en peligro de automatización alrededor de 55% de los puestos de trabajo en el país.

La semana pasada, un nuevo actor se sumó a las preocupaciones por los efectos de la digitalización: el Banco Central de Chile (BCC). En el marco de una conferencia sobre estadísticas, realizada por el Banco Central Europeo, el consejero del instituto emisor, Pablo García, advirtió que la digitalización de la economía puede “dificultar” la manera en la que las autoridades monetarias miden la inflación, lo que también tendría incidencia sobre la política monetaria y los mecanismos de transferencia desde precios a las tasas de interés.

En su exposición, el economista partió señalando que en los últimos años se han generado “profundas disrupciones” que están empezando a “cambiar” la manera en que trabajamos, comercializamos, consumimos y vivimos, entre las cuales destacó la automatización, la inteligencia artificial y nuevos modelos de negocios como la “economía colaborativa”.

“Más países están ampliando las fronteras de su evolución digital. Por una parte, estos desarrollos han hecho más desafiante la apropiada medición de los fenómenos económicos y financieros”, comentó García.

Desafiando visiones de mundo

El miembro del Consejo del instituto emisor advirtió que estos paradigmas ponen en entredicho la manera tradicional, en la que se miden las cuentas nacionales, la que contempla un modelo económico donde la producción primaria y secundaria explicaría el comportamiento del valor agregado total.

Esto, planteó García, es desafiado en la medida en que cambia el paradigma de transformar recursos en productos finales que son comercializados de manera homogénea por un agente económico.

“La digitalización de las relaciones económicas, llevando por ejemplo a una actividad mejor descrita como economía colaborativa, hace que la clara distinción entre productores y consumidores sea más difícil de determinar con precisión”, señaló.

“El empaquetamiento de experiencias y demandas por bienes y servicios, los cuales en el pasado eran provistos por productos bien definidos, hará la identificación y medición de los precios de estos bienes y servicios; por lo tanto, la inflación, mucho más difícil”, destacó. El exejecutivo del Fondo Monetario Internacional concluyó que “probablemente” dichas tendencias cambiarán los mecanismos de transmisión de la política monetaria.

“La digitalización plantea importantes desafíos hacia adelante para la medición de la actividad económica, al igual que para la transmisión de la política monetaria. Algunos de estos desafíos estarán muy presentes en el corto plazo, otros más distantes en el futuro. Pero en cualquier caso, las autoridades monetarias necesitarán ser conscientes de estos desarrollos para entender y calibrar sus políticas para alcanzar sus metas”, planteó.

Inflación se encamina a 3%

A mediados de junio, el Consejo del Banco Central hizo un fuerte ajuste en la previsión de la inflación para el cierre del presente año. Si en marzo, el Informe de Política Monetaria estimaba una variación anual de 2.3% para el IPC a diciembre, dicho cálculo se elevó en 0.5 puntos porcentuales, hasta 2.8 por ciento.