Los miembros de la Junta de Gobierno del Banco de México consideran que Pemex es un factor de riesgo latente para el mercado y la economía en general, así lo consignan las minutas de la reunión monetaria realizada el 16 de mayo, cuando decidieron dejar sin cambio la tasa, por tercera vez consecutiva, en 8.25 por ciento.

La decisión fue asumida por unanimidad, pero hubo un voto disidente contra el tono del comunicado, emitido por el subgobernador Gerardo Esquivel. El disiento tiene que ver con el tono restrictivo del comunicado y la conclusión sobre el balance de riesgos para la inflación, que en su opinión alienta a las expectativas negativas sobre la tendencia del Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC).

De acuerdo con lo descrito en la minuta, el rendimiento en proyectos de exploración y producción es mucho mayor al que generan los de la refinación.  Agregaron que ni Pemex ni el gobierno federal cuentan con los recursos para realizar las inversiones requeridas para la construcción de la refinería Dos Bocas.

Uno declaró que el gobierno federal ha tenido que realizar ajustes al gasto público para el 2019, lo que podría comprometer la inversión física en Pemex.

Entonces, la mayoría de los miembros concordó que los esfuerzos del gobierno federal por apoyar a la petrolera estatal, así como los recientes acuerdos para disminuir su carga fiscal y refinanciar su deuda, no resuelven problemas de fondo, pese a ir en la dirección correcta.

Uno de los cinco miembros de la junta acotó que la incertidumbre y los factores de riesgo que prevalecen mantienen a los activos nacionales cotizando con un descuento o prima de riesgo adicional respecto del comportamiento que han tenido en los últimos años.

Solvencia, la incertidumbre

Según el documento, otro de los integrantes de la junta detalló que continuarán los cuestionamientos de los mercados sobre la solvencia de la petrolera, la fortaleza de las finanzas públicas y las posibles repercusiones sobre la economía.

Esto, en tanto no exista un modelo de negocios para Pemex que abra la perspectiva de una recuperación de la producción de petróleo y una institución financieramente viable en el largo plazo.

La mayoría de los cinco miembros advirtió que Pemex tiene problemas estructurales y que “es esencial que presente un plan de negocios creíble y funcional que no perjudique el frágil balance fiscal del gobierno federal”.

Otro más agregó que la posibilidad de disminuciones en la calificación crediticia de Pemex, aunado a una reducción de la calificación de riesgo país, minará la inversión privada y contendrá al consumo.

Las razones del disentimiento

En la exposición de motivos por el disiento, Esquivel precisó que le preocupa que las expectativas de inflación y las primas de riesgo inflacionario estén aumentando a pesar del comportamiento relativamente favorable de la inflación.

No es del todo improbable que estas expectativas estén siendo afectadas por la propia comunicación del banco central.

El banquero expuso que también difiere del énfasis en el aumento del salario mínimo como un riesgo al alza en la inflación, pues a cinco meses de dicho aumento no existe ninguna evidencia convincente de que esto esté ocurriendo en la realidad.

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