Davos, Suiza.- Somos un país que tiene su destino en sus manos, de nuevo, dijo Theresa May, la primera ministra británica. "No queremos alejarnos de nuestros amigos y vecinos europeos, pero estamos listos para ser verdaderamente globales... Estamos empezando negociaciones con Australia, Nueva Zelanda e India".

En Davos, la temperatura al exterior era de 13º bajo cero. Mientras May hablaba, se sentía más frío en el auditorio. En el WEF, santuario de la globalización, la señora May tenía la difícil tarea de explicar cómo se hará el Brexit. Era la primera presentación luego del mensaje al pueblo británico.

Quienes esperaban una Theresa May agachada se equivocaron. La señora habló con firmeza, ante un auditorio donde se encontraban representantes de algunas de las mayores empresas globales. No habló casi nada de los temas de seguridad y migración que predominaron en su mensaje a los ingleses.

En Davos dijo: las multinacionales no pagaron todos los impuestos que deberían y tampoco invirtieron en las comunidades. Su voz era calmada. Su mensaje incisivo. "Los Gobiernos no pueden dejar procesos tan complejos en manos de las fuerzas del mercado". La premier se mostró partidaria de implementar una política industrial, aunque no dio detalles.

Antes de la votación, Theresa May era partidaria de la permanencia en la Unión Europea. Ahora elogia a los que votaron el Brexit. Lo hizo en Davos: "Tuvieron el valor de buscar un destino diferente... Con su voto hicieron valer la democracia".

Su reflexión fue una advertencia. "Los que temen el crecimiento de los movimientos extremistas y el rechazo de la globalización deben tomar en cuenta que mucha gente siente que la globalización no funciona para ellos. Cuando oyen de más apertura piensan que eso traerá más desempleo y menores salarios... Sienten que las grandes empresas no juegan con las mismas reglas que los demás cuando se trata de pagar las cuentas".

El punto culminante de su mensaje debió llegar cuando habló de reglobalizar. En otras palabras, revisar la forma en que está funcionando la globalización. El problema para la oradora es que ese asunto ha sido central en las reflexiones del WEF del 2009 a la fecha. Lo que Theresa May llamó su manifiesto generó poco entusiasmo en el auditorio.

Hubo aplausos de cortesía para la señora May. Poco más que eso. De cualquier modo, el Brexit fue el gran tema del día (además de las especulaciones en torno a lo que será el mundo en la era Trump).

Se habló del discurso de la primera ministra, de la reunión de su ministro de Hacienda con empresarios británicos en un hotel y se hizo el recuento de las empresas que preparan mudanza. HSBC sacara 1,000 empleos de Londres. De UBS, se especula de un número similar. Goldman Sachs llevará parte de las operaciones a Frankfurt, y Barclays proyecta un traslado parcial a Irlanda y Alemania.

El alcalde de Londrs

En Davos, unas horas más tarde, a menos de un kilómetro del centro de congresos, en el hotel Seehoff, el billonario George Soros dio su versión del Brexit: "Gran Bretaña se encuentra en un estado de negación. No asume el tamaño de la decisión que tomo... Es claro que divorciarse es mucho más complicado que casarse". Los comentarios de Soros coinciden con lo dicho por el presidente mundial de Toyota, Takeshi Uchiyamada. Este empresario lanzó un mensaje durísimo. En Davos dijo a los medios: tenemos 3,000 empleados en Inglaterra y no sabemos cómo sobrevivían las operaciones allí luego del Brexit.