Contrario a la evolución que ha logrado la economía brasileña al convertirse en un abastecedor mundial de alimentos y granos, el potencial de comercio y energía de México ha sido frenado por intereses políticos y de partidos, afirmaron analistas y catedráticos internacionales.

Tras conocerse el documento de investigación Perspectivas del desarrollo mundial 2010 , desarrollado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), donde la entidad ubica a Brasil, China, India y Sudáfrica como los nuevos motores del crecimiento mundial, El Economista entrevistó a expertos para consultarles qué es lo que pasó con México y por qué se apartó del radar del desarrollo económico mundial.

De acuerdo con Ian Vázquez, director del Cato Institute, países como Brasil o la India consiguieron cambios gigantes en su modo de producción y facilitaron la participación de la iniciativa privada en procesos que agilizaron su desarrollo y competitividad.

Según Suzanne Rosselete, subdirectora del Centro de Competitividad Mundial de la Escuela Gerencial de Negocios de Suiza (IMD), el problema de México reside en la equivocada percepción que tienen los políticos acerca de la soberanía.

Han acotado por años la participación de la iniciativa privada en la producción y explotación del sector energético bajo la idea de que el país tiene que conservar las mayores ventajas de la explotación.

Esto en vez de asumir que son las empresas externas las que tienen la probada experiencia y tecnología para detonar una mayor riqueza en el sector , advirtió.

Además, esta diferencia es claramente percibida por el mercado, según Daniela Steinbrink, economista senior de Renta fija en UBS.

En el portafolio internacional, no es México el país que sobresale para recomendar a los inversionistas. Preferimos a Brasil en América Latina porque su potencial de crecimiento es más robusto y no depende tanto del comercio con un solo país , agregó la analista económica.

Trasladando riqueza

De acuerdo con el análisis de la OCDE, al frente de José Ángel Gurría, Brasil se ha convertido en una superpotencia global de alimentos y agricultura, y por si fuera poco cuenta con 20 millones de hectáreas de tierra potencialmente productiva.

Tal como se lee en el documento, la crisis financiera aceleró el traslado de la riqueza mundial desacelerando a los que por años fueron los motores del desarrollo mundial hacia Brasil, India, China y Sudáfrica.

Así, mientras en el año 2000 los miembros de la OCDE aportaban 60% del PIB mundial y los emergentes y en desarrollo participaban de 40%; para el 2010, las economías de la Organización de Cooperación y Desarrollo Econòmicos bajaron su contribución al desarrollo mundial a 51% y para el 2030 apenas otorgarán 43% de la producción del orbe.

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