Queridos amigos: de nueva cuenta la semana pasada fue de gran volatilidad, ya que estuvo centrada en una expectativa, yo más bien diría una falacia, que consistió en que ante las declaraciones que hiciera la semana previa el banquero central europeo, Mario Draghi, en el sentido de que defendería la zona euro a como diera lugar y a la reunión de la Fed de la semana pasada, los mercados se quedaron atentos y esperando algún anuncio espectacular que informara cómo se iba a salvar Europa y cómo le iba a hacer Estados Unidos para reactivar su alicaída economía. ¿Saben qué paso? Nada. Los mercados se movieron consecuencia del efecto saliva.

Y como es sabia la prosapia popular, como diríamos en México, de lengua me echo un taco.

Lo grave es que con pura saliva la crisis europea se ha venido prolongando ya por más de dos años sin que se alcance a ver la luz al final del túnel.

Los mercados aguardaron pacientemente esperando que Draghi anunciara quizá la posibilidad de que el Mede, sucesor del fondo de estabilización europeo, le entrara al quite comprando bonos españoles e italianos para reducirles presión al nivel de sus costos de fondeo o algún otro mecanismo que inundara de euros el mercado y esto ayudara a generar confianza y conjurara el riesgo, cada vez más probable, de que España o Italia se conviertan en otro Grecia; sin embargo, un tímido Draghi se concretó a dejar su tasa de referencia en 0.75% y sin más dejó a todos con un palmo de narices a la espera, ahora, de lo que pueda suceder en la próxima reunión del BCE a celebrarse el 6 de septiembre y a la vana promesa de que se estudiara en las próximas semanas las medidas que se habrán de seguir. Más bla, bla, bla.

En Estados Unidos, los mercados le apostaban al anuncio de una nueva ronda de relajación cuantitativa o QE3, que en idioma humano significa inyectarle más liquidez a los mercados a través de la compra de deuda por parte de la Fed; sin embargo, simplemente se reconoció que la actividad económica de ese país ha sufrido una leve desaceleración en la primera mitad del año y que se mantendrá atento a la evolución económica de su país para tomar las medidas necesarias para evitar que se mantenga esta tendencia. Bla, bla, bla.

El anuncio de la Fed se dio en medio de la publicación de datos económicos encontrados, en donde el ISM manufacturero se contrajo de nueva cuenta, mientras que el ISM de servicios tuvo un modesto crecimiento y el dato de nómina no agrícola a julio generó que los mercados se tiraran a la fiesta el viernes pasado al ubicarse en 163,000 plazas nuevas contra las 100,000 que se esperaban; sin embargo, la tasa de desempleo subió a 8.3 desde 8.2% del mes anterior, lo que pareció ser ignorado por los mercados.

A lo anterior se sumaron las declaraciones de aliados del gobierno de la Canciller alemana en el sentido de que ahora sí no se opondrían a las medidas de estímulo económico que decidiera emprender el BCE para solucionar la crisis.

Hasta este momento, los mercados se han venido moviendo por la expectativa de que se encuentre una solución de corto plazo a la crisis global que estamos viviendo; sin embargo, no les quede la menor duda de que la crisis actual es de largo plazo y que los discursos de políticos no sustituyen en forma alguna la implementación de medidas de fondo que ayuden de verdad a las economías y sobre todo a la restauración de la confianza que se ha convertido en el bien más escaso en los mercados. Se requiere menos saliva y más acción.

*Alfonso García Araneda es director general de GAMAA Derivados. Su correo electrónico es: aga@gamaa.com.mx