La regulación financiera universal y los requerimientos mínimos de capitalización bancaria serán discutidos por los jefes de Estado del G-20 hasta noviembre próximo, en la Cumbre de Líderes de Corea del Sur.

Mientras tanto, en la reunión ministerial de Toronto, se acordó que los países ricos deben reducir a la mitad los déficit públicos para el 2013 sin paralizar el crecimiento, y los emergentes flexibilizar sus monedas además de aumentar los gastos sociales y en infraestructura.

El Grupo dejó la puerta abierta para que cada país avance a su propio ritmo y adopte políticas diferenciadas y ancladas que concuerden con las prioridades políticas o económicas del país.

Así, al concluir el Summit de Toronto, los presidentes del Grupo volvieron a dejar guardada la propuesta del gravamen global para instituciones financieras.

Impuesto que en teoría, ayudaría a resarcir los gastos del sector público para el rescate bancario y que es motivo de división.

Hasta el sábado en la noche, el G-20 permanecía dividido acerca del gravamen. Mantenían la idea de dejar abierta la opción para que cada gobierno decida la pertinencia de aplicar o no el impuesto a los bancos.

Los emergentes liderados por Brasil y China formaron una alianza con Canadá para no permitir el avance del impuesto. El bando contrario está representado por Reino Unido, las potencias europeas y Estados Unidos.

Emergentes, al poder

En el comunicado final de la Cumbre, los líderes reiteraron su compromiso de impulsar el poder de voto de las potencias económicas emergentes en el Fondo Monetario Internacional (FMI) que supone el reconocimiento de su participación en la actividad productiva global.