Grecia, con una gravísima crisis financiera, se halla en un momento crítico de su historia con varios desenlaces posibles, desde que logre sanear sus finanzas públicas a medio plazo, hasta el peor de todos, su salida de la Eurozona.

1. Grecia abandona la Eurozona, arrastrando a otros países frágiles

La salida de Grecia de la unión monetaria es la hipótesis barajada desde hace mucho tiempo por algunos economistas estadounidenses como Nouriel Roubini, que acaba de vaticinar el estallido de la zona euro en un plazo de cinco años.

Esa perspectiva ya no es tabú: en ese caso, o bien Grecia es forzada a abandonar la zona euro por sus socios, cansados de financiar el país heleno, o bien Atenas, asfixiada por los planes de austeridad y el descontento social, decide salirse para recuperar su anterior divisa, el dracma, y poder devaluar.

Ante este panorama, el país, con una moneda muy frágil, debe renunciar a pagar buena parte de su deuda, por lo que acaba bajo tutela del FMI. Otros países de la zona euro se ven arrastrados y la unión monetaria estalla.

2. Grecia declara la bancarrota pero dentro de la Eurozona

Los mercados financieros apuestan desde hace tiempo por esta opción. Creen que Grecia no podrá reembolsar toda su deuda de más de 350,000 millones de euros, equivalente al 150% de su PIB.

Una suspensión de pagos puede provocar un efecto dominó en la Eurozona: parte de los activos de los bancos griegos, tenedores de una parte importante de la deuda pública del país, se deprecia. Otros bancos europeos se debilitan, especialmente el Banco Central Europeo, que aceptó comprar decenas de miles de millones de euros de obligaciones griegas. Grecia sigue en la zona euro, pero la crisis se extiende y afecta a otros países frágiles como España, Bélgica e Italia.

3. Grecia sigue bajo perfusión financiera internacional durante años

Grecia logra evitar la bancarrota pero no recuperar la confianza de los inversores que le siguen exigiendo intereses prohibitivos para prestarle dinero. Tras un primer rescate de Europa y del FMI aprobado en 2010, varios otros se suceden, una idea que defienden varios países europeos.

Sin embargo, esta solución corre el riesgo de provocar el hartazgo de la opinión pública europea ante el hecho de tener que financiar eternamente a un país de la unión.

4. Grecia se restablece conforme a las previsiones

Es el desenlace más optimista, pero pocos creen en él.

Grecia cumple a rajatabla con el programa impuesto por sus acreedores internacionales. El plan de austeridad y las privatizaciones se ponen en marcha y el déficit público alcanza como está previsto el 1% en 2015. Durante ese periodo, se restablece la confianza de los inversores, el crecimiento económico y Grecia puede volver a financiarse en los mercados en 2013.

RDS